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Miércoles , 15.08.2018 / 02:59 Hoy

Uno hasta el fondo

Flores negras

Gil Gamés

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Sin mayor preángulo (así se dice), Gil tira su piedra al charco de la vida pública. Entrevistado por su periódico La Razón, el flamante asesor de Liópez en materia electoral y feliz candidato plurinominal al Senado, Germán Martínez, le ha dicho a Eunice Albarrán que defenderá con todo el triunfo de Liópez el próximo 1 de julio, que “ganará holgado y de calle”. Martínez se ha puesto sentencioso: “Ahora entiendo con toda claridad que no hay adversarios para siempre”. Gilga se suma a la carrera de las sentencias: los cínicos son la pimienta de la sopa política. Martínez recuerda y vaticina: voy a defender el triunfo de López Obrador. Cuando he defendido los triunfos presidenciales he ganado los dos. Fui representante y abogado de Vicente Fox y de Felipe Calderón y ahora voy a ser el representante del triunfo de Andrés Manuel. En la caja del mago entró un representante de la mafia del poder y salió un defensor de hueso colorado de Liópez. Gran acto de magia. ¿Y todos los insultos que intercambiaron? ¿Y las difamaciones a Felipe Calderón? Se sabe: al viento se lo llevan las palabras. ¿Cómo era? Oigan esto por piedad, y si tienen un Tafil, compártanlo con Gamés, que con un cuartito tiene: “El PAN tiene que refundarse y remotivarse, encontrar nuevos motivos porque se atoró y no hizo como L(i)ópez Obrador: encabezar las causas populares y darle esperanza donde hay indignación; dar esperanza donde hay desconsuelo, dar esperanza donde hay miseria”. Poetry! Gil quiere participar: dar optimismo donde hay pesimismo; dar ilusión donde hay desdicha; dar conocimiento donde hay ignorancia; dar demagogia donde no hay palabras, en fon.

Oraculus informa

Leo Zuckerman ha escrito en su periódico Excélsior que de acuerdo con el modelo Poll of Polls desarrollado por Javier Márquez, sitio especializado en elecciones en México, si hoy fueran las elecciones, Liópez obtendría 39%, Anaya 29 y Meade 22. Si Gil ha entendido algo, cosa improbable, Liópez ganó terreno, Anaya perdió un par de puntos y Meade sigue en caída libre. ¿Adónde fueron a parar los puntos de Anaya? Dicen los que saben que a las arcas de Liópez y/o de Margarita.

Así las casas (muletilla pagada por Grupo Higa), el embate de la procuraduría, el uso faccioso de las instituciones (a Gilga se le quemaban las habas por escribir esto, tanto que volverá a escribirlo: el uso faccioso de las instituciones, ¿otra vez? No, ya, con dos es dosis suficiente para que Gil se sienta un articulista de fuste y fusta), la embestida contra Anaya ha favorecido a Liópez y le ha hecho daño a Meade, a quien separan 17 puntos de Liópez y 7 de Anaya. Dice Zuckerman que apenas vamos en el minuto 10 del primer tiempo. Gil verá el resto del partido repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio.

Una de dos: o la decisión del presidente Peña y su equipo ha sido una pifia de las grandes, o el pleito con Anaya se volvió irresoluble al grado de sentir mucho más amenazante a Anaya que a Liópez. Bien pensado, la dos, mientras el candidato priista viaja al fondo de la tierra, se dice que llegará a China.

Auditorio Justo Sierra

Gil lo leyó en su periódico MILENIO: las autoridades de la UNAM pidieron liberar el auditorio Justo Sierra hasta en tres ocasiones, una en 2005 cuando era rector Juan Ramón de la Fuente; otra en 2013 y una más en 2014 cuando José Narro encabezaba la máxima casa de estudios. Hace 18 años, un grupo de hampones tomó el auditorio y lo convirtió en una salón de usos múltiples: narcotiendita, hotel, fonda, armería, escuela de fanáticos, depósito de cosas robadas, hospital, fumadero de opio, cantina y lo que a la lectora y el lector se les ocurra. ¿Por qué si la UNAM pidió liberar el auditorio, la autoridad no lo hizo? Misterio.

El auditorio estuvo marcado por el despojo. Lo primero que le quitaron fue el nombre: Justo Sierra parecía algo conservador y Che Guevara algo revolucionario. El propio Gil le llamaba auditorio Che Guevara . Los años han pasado y Gamés no hesita ni trepida en afirmar que Justo Sierra fue mucho mejor que Guevara. Un educador, escritor, creador de instituciones y un guerrillero que decía que un revolucionario debía ser una “fría máquina de matar”. Ustedes dirán. Por cierto, el rector Graue necesita ver más bax.

Todo es muy raro, caracho. Gil copió la frase del día de un sitio de máximas, le pertenece a Arnold Bennett: El pesimismo, cuando te acostumbras a él, es tan agradable como el optimismo.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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