• Regístrate
Estás leyendo: F. Scott Fitzgerald
Comparte esta noticia

Uno hasta el fondo

F. Scott Fitzgerald

Gil Gamés

Publicidad
Publicidad

Gil terminaba la semana convertido en un ser sin voluntad. Así caminó por la duela de cedro blanco. La mano del destino lo llevó al librero donde se forman los libros de Fitzgerald. Gamés tomó dos libros: Cartas (Selección y traducción de Gerardo Gambolini, Beatriz Viterbo Editora, 1994) y “Cuadernos” incluidos en la edición de Edmund Wilson de The Crack-up (New Directions, 1945). Gilga arroja algunos subrayados a esta página del directorio:

***

[A Thomas Boyd, editor literario del St. Paul Daily News, 1924]

Hasta que termine mi novela [El gran Gatsby], no voy a leer nada salvo Homero y literatura homérica, e historia del 540 al 1200 D.C. Espero no ver un alma en seis meses. Mi novela se vuelve más y más extraordinaria cada vez; me siento absolutamente autosuficiente, tengo un enorme hueco hambriento de soledad, que estuvo creciendo tres años en progresión aritmética. Por fin voy a satisfacerlo.

[…]

Voy a escribir una novela mejor que cualquier otra jamás escrita en América y voy a convertirme por excelencia en el mejor escritor de segunda en el mundo.

***

[A Ernest Hemingway, 1926]

Cuando tanta gente puede escribir bien, la competencia es tan fuerte, no puedes jugar con la atención de la gente; un hombre capaz, que tiene el poder de atraer la atención a voluntad, debe ser particularmente cuidadoso.

***

[A Zelda, su mujer, internada en una clínica psiquiátrica en Suiza, 1930]

Ojalá que Hermosos y malditos haya sido un libro escrito con madurez, porque todo era cierto. Nos arruinamos nosotros mismos. Sinceramente, jamás pensé que nos arruináramos el uno al otro.

***

[A Oscar Forel, uno de los psiquiatras de Zelda, 1930]

En mi juventud, trabajé siete años extremadamente duro, ganándome en seis años —gracias a una incansable autodisciplina literaria, y a mi trabajo adicional como “guionista de alquiler” para el cine, etc.— una posición de indiscutida preeminencia entre los escritores americanos jóvenes. Le di a mi esposa una vida cómoda y lujosa como pocos escritores pueden permitirse. Mi obra está hecha a base de café, café y más café, jamás alcohol. Después de cinco o seis horas me levanto del escritorio, blanco y temblando y con un constante ardor en el estómago para ir a comer.

***

[A Zelda, c.1932]

[…] “expresarse uno mismo”. Solo puedo decir que no hay tal cosa. Sencillamente no existe. Lo que uno expresa en una obra de arte es el destino trágico y oscuro de ser el instrumento de algo incomprendido, incomprensible, desconocido.

***

[A Beatrice Dance, con quien Fitzgerald tuvo un romance, 1937]

No me siento tan seguro de nada como hace dos años, o estaría lleno de sermones —no es que dude de mis juicios, sino que por momentos siento algo fermentándose en mí que no puedo expresar, y todavía no sé qué luces —ni qué tan fuertes— podrán aclararlo. No sé siquiera si soy el hombre para hacerlo. Quizás el talento, tanto tiempo descuidado, haya pasado su hora.

***

[A Kenneth Littauer, editor de novelas de Collier’s. 1939, un año antes de su muerte]

No hay nada que me preocupe en la novela [El último magnate], nada que me parezca dudoso. A diferencia de Tierna es la noche, ésta no es la historia de un deterioro —no es ni deprimente ni mórbida, a pesar del final trágico. Si acaso un libro puede ser “como” otro, yo diría que éste es más “como” El gran Gatsby que cualquier otro de mis libros. Aunque espero que sea totalmente diferente —espero que sea algo nuevo, que suscite nuevas emociones, quizás hasta una nueva manera de ver ciertos fenómenos. La puse a buen resguardo cinco años para lograr distancia, pero ahora que Europa nos trastorna los oídos, parece además haber sido para mejor. Es un escape a un pasado pródigo y romántico que quizás no volvamos a vivir. De hecho, es una novela que me gustaría leer. ¿La escribo?

***

Los libros son como hermanos. Soy hijo único. Gatsby mi hermano mayor imaginario, Armory el menor, Anthony el que me preocupa, Dick mi relativamente buen hermano, pero todos están lejos de casa.

***

Shakespeare: estimulante, frustrante, sorprendente y gratificante.

***

Nunca ha habido una buena biografía de un buen novelista. No podría haberla. Si es un buen novelista, es demasiadas personas.

***

Escribir de las cosas extremas como si fueran cosas normales te hace debutar en el arte de la ficción.

***

Cuando un autor de primera quiere escribir sobre una heroína exquisita o una mañana encantadora, se da cuenta de que todos los superlativos han sido gastados por sus subalternos. Debería ser una regla que los malos escritores empiecen con heroínas sencillas y mañanas ordinarias, y, si son capaces, las mejoren.

***

El temperamento artístico es como un rey con vigor y oportunidades ilimitadas. Haces pedazos la estructura si juegas con ella.

***

Hablo con la autoridad del fracaso —Ernest con la autoridad del éxito. No podemos volver a sentarnos en la misma mesa.

***

Sí: los viernes, Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras el camarero se acerca con la bandeja que sostiene la botella de Glenfiddich 15, Gamés pondrá a circular las frases de Goethe por el mantel tan blanco: “Uno tiene que ser algo para poder hacer algo”.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.