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Martes , 23.10.2018 / 11:47 Hoy

Uno hasta el fondo

El ruso

Gil Gamés

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Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil meditaba en el #LordRusoNazi. La lectora y el lector lo saben: una multitud enardecida linchó al ruso insoportable y lo mandó gravemente herido al hospital. En el camino de la turbamulta que avanzaba amenazante, el ruso apuñaló y mató a un joven de 19 años. Infamaba a sus vecinos, amenazaba mujeres, golpeaba niños, exhibía su racismo insultando a los mexicanos, se grababa para subir a Facebook con suásticas y cuchillos de ataque; total, una joya el ruso, que, en efecto, tenía cara de ruso, actuaba como ruso y hablaba ruso. En Rusia no le reconocieron esa nacionalidad. Entonces dicen que era ucraniano. Ruso o ucraniano le han puesto una solfa de padre y señor nuestro.

La primera y secreta reacción que Gil ha recogido aquí y allá es ésta: pinche ruso, se merecía la madriza. Pagó todas sus barbajanadas. La lógica interna del linchamiento es que se trata de un castigo merecido. Y sí, el ruso era intolerable, pero si vamos a linchar a todos los intolerables, terminaremos llenando el Zócalo de “rusos” ensangrentados después de que el juicio colectivo haya decidido que son culpables.

Escribe Savater en “El Héroe como Proyecto Moral”, un ensayo incluido en El contenido de la felicidad (Debolsillo, 1996): “Nunca se insistirá lo suficiente en que la ética es una cuestión privada referida al ámbito interpersonal, no un comportamiento público que debe ser sometido a refrendo o careo ante usos, pudores o prejuicios establecidos”. Gamés se disfraza de filósofo y le pregunta al mullido sillón: ¿el linchamiento del ruso encierra un problema ético? El mullido sillón no siempre contesta, en esta ocasión ha guardado silencio.

Una red de agujeros

Las redes sociales jugaron un papel importante para correr la voz. Que vamos a romperle la madre al ruso. Y fueron. Uno de los usos detestables de la redes es ese que las convierte en tribunales que otorgan certificados de salud. Así las usan los “bots” de los partidos políticos, en especial las brigadas de Morena, a quienes les gusta linchar a tuitazos a todos aquellos que no piensan como Liópez.

Savater. “La ética pertenece al orden épico porque trata de la acción: su designio es proponer un sentido suficiente y totalizador a la acción humana. La acción es enfrentamiento y edificación, riesgo y mesura, arrojo, fidelidad e innovación, búsqueda de la eficacia más vital y perdurable, es decir, trasunto enérgico de la inmortalidad (…) La ética se ocupa también del querer humano, del contenido y la estructura de la voluntad. Preguntarme por lo que debo hacer o por la opción mejor entre varias, indagar criterios de acuerdo a los cuales valorar y justificar las decisiones de mi libertad. Todo ello viene a condensarse en una pregunta fundamental, que es el objeto formal de la ética toda: ‘¿Qué quiero yo realmente?’”.

Gil siempre ha deplorado al empleado de la delegación Miguel Hidalgo, Arne van Ruthen, que celular en mano va en busca de hombres y mujeres que cometen faltas. Un vengador anónimo que le recuerda al mundo que las leyes sirven para maldita la cosa, mejor convertirse en “la ley” y exhibir las faltas de los ciudadanos: sucios, irresponsables, prepotentes, omisos.

Más de Savater: “¿Se puede dejar a los particulares que zanjen, cada cual para sí, dilemas delicados cuya trascendencia pública puede ser grande? ¿Deben las instituciones colectivas mediar regulativamente, incluso para restringir la libertad experimental de los individuos?”.

Leyes

Gil cavila y decide: si no es un delito hágalo como le dé la gana. John Stuart Mill citado por Savater en el ensayo “Paradojas éticas de la salud”: “La única finalidad por la cual el poder puede, con pleno derecho, ser ejercido sobre un miembro de la comunidad civilizada contra su voluntad es evitar que perjudique a los demás. Su propio bien, físico o moral, no es justificación suficiente. Nadie puede ser obligado justificadamente a realizar determinados actos porque esto fuera mejor para él, porque lo haría más feliz, porque —en opinión de los demás— hacerlo sería más acertado y más justo”.

Sí, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras el camarero se acerca con la botella de Glenfiddich 15 haciendo equilibrio en la bandeja, Gamés recordará lo que Bernard Shaw le respondió a un grupo de irlandeses que le contaban lo mucho que habían sufrido: Ser maltratado no es un mérito.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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