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Uno hasta el fondo

El pasado y la condena

Gil Gamés

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Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil pensaba: ¿cuánto pesa el pasado? Se enfrascó en este asunto del tiempo anterior al presente (enfrascar es un gran verbo: meter en un frasco) mientras leía las noticias de las campañas presidenciales. Gil lo leyó en su periódico Reforma y en una crónica de Héctor Gutiérrez: afónico, bañado en sudor, despeinado, José Antonio Meade cerró su campaña en Campeche. Óiganlo: “Gracias a la sección 42, gracias a las sección 47 y gracias a Carlos Romero Deschamps por estar aquí con los carmelitas y liderando a los petroleros”.

El gobernador Moreno, empapado en sudor, elogió a Romero Deschamps: “Aquí en Carmen se encuentra con nosotros un mexicano comprometido, un mexicano con voluntad, un mexicano con carácter, un mexicano que se la ha rifado con Carmen, un mexicano que sin duda nos va a ayudar a ganar la próxima elección”. Aigoeei. Gilga entiende, si algo, que hay que buscar los votos hasta por debajo de las piedras y subir al carretón toda clase de trebejos, así sean de mucho peso y oscuros como la noche.

Gil hesita: Carlos Romero Deschamps, el líder petrolero, ¿forma parte del pasado o del futuro? Hace unos meses este cacique se reeligió al frente del STPRM hasta 2024; de ser así, habrá permanecido 31 años al frente del sindicato que le ha llevado al PRI votos y dinero. ¿Alguien recuerda el Pemexgate? Pero Gilga insiste, ¿el elogio del ciudadano Meade es parte del pasado? Lo que hay que hacer a cambio de un puñado de votos y dineros para la campaña. Gil mete al frasco del presente esta propuesta: ¿no es el pasado inmediato el que ha impedido que Meade crezca, avance, gane la confianza de los votantes? Ustedes dirán.

El mismo día

En Minatitlán, Liópez dijo: “Se acabó el cacicazgo en el manejo del sindicato petrolero. Llegó a su fin. Sí me entienden, ¿verdad?”. Así lo dijo el hombre de la regresión que en realidad por un día le dio la estafeta de la regresión a Meade, el hombre del grillete en el tobillo. El grillete se lo puso el presidente Peña. Total, un lío con el pasado del pasado, ¿quién representa al pasado? Liópez, sin duda, pero Meade no canta mal las del pretérito. El ciudadano pudo decir: asaltemos al futuro del brazo de un hombre de fuste y fusta: Carlos Romero Deschamps. ¡Bravo, vivaaa!

El choro mareador

De paso, Liópez respondió a los empresarios de Herdez y Vasconia. En una carta y un video, estas empresas llamaron la atención sobre los riesgos de un gobierno populista. Liópez le llamó choro mareador a la carta en la cual llaman a tomar precauciones. Dice Liópez que nada de Echeverría, que nada de López Portillo.

Y luego, encarrerado, Liópez le respondió a Gabriel Zaid. En La caballada, Zaid se refiere a los cuatro candidatos y también a Margarita Zavala. Recordó que fue el cacique Rubén Figueroa quien acuñó la frase “la caballada está flaca”. A Liópez no le gusta que alguien afirme que no votará por él, se enoja, hace la pataleta y responde airado. ¿Así seguirá si llega a la Presidencia?, la verdad será una monserga: día y noche respondiendo, increpando, peleando. Por lo demás, el artículo de Zaid publicado en su periódico Reforma no tiene desperdicio. A Liópez le gusta despreciar: nunca mencionó el nombre de Gabriel Zaid. Malo, malo.

Anaya

El Joven Tarabilla, o como se diga, tiene poco pasado, pero el que trae consigo pesa toneladas. La fama que le han puesto encima, como un traje a la medida, ha hecho nido en su personalidad y se ha quedado ahí, como la humedad en un muro: desleal, traidor, inestable. Ricardo Anaya destruyó al PAN y paga las consecuencias. Anaya representa también el gran error de Los Pinos: mandar un ukase (gran palabra) dirigido desde la Presidencia y puesto en la fuerza de la procuraduría para bajarlo de la candidatura. En ese movimiento, el presidente Peña se tiró a un abismo sin saber muy bien para qué o para cuándo. Hay errores extraordinarios, éste ha sido uno de ellos.

Todo es muy raro, caracho, como diría Faulkner: El pasado nunca se muere, ni siquiera es pasado.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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