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Sábado , 22.09.2018 / 03:18 Hoy

Uno hasta el fondo

Diamantes vivientes

Gil Gamés

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Nadie sabe si la artista alternativa Jill Magid fue sometida durante su tierna infancia (ah, una voz pasiva) a la publicidad de los diamantes De Beers: “Un diamante es para siempre”. El caso rotundo es que le pidió a la familia de Luis Barragán unos puños de las cenizas del artista y mediante procedimientos químicos y físicos del carbono, o como sea que sea, los metió en un diamante montado a su vez en un bello anillo de oro. Esa es una de las obras que Magid ha presentado en la exposición que se ha inaugurado en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo: Una carta siempre llega a su destino.

¿Un anillo de dos kilates con un diamante es una obra de arte? Con la pena, pero no es arte ni cosa que se le parezca. Una joya, sí. Los curadores, los críticos y los conocedores dirán que Gamés se encuentra desencaminado. De la misma forma, Gilga siempre ha pensado que un plato de chilaquiles no es arte, ni un pedazo de caucho podrido, ni la tierra de un cementerio. Gil ha guardado durante mucho tiempo un cepillo de dientes viejo, ¿eso es arte? Ah, el arte alternativo.

Cristales

Ahora mal sin bien, a Gil le gustaría un anillo que encerrara a una parte de su madre. Y le hablaría: mamá, ¿cómo te sientes allá adentro del diamante? ¿Un poco sola? Lo entiendo, mami, pero nadie regresa de la muerte, así que hablaremos por este medio un poco incómodo, como los telegramas antiguos: te quiero. stop. mamá. 1. felicidades en tu onomástico.

La petite histoire es así. El archivo personal de Luis Barragán se encuentra custodiado por la Unesco y las autoridades del Estado cultural mexicano. Pero hay otro archivo, el profesional, un tesoro por el que pasó el amor. Sí, el amor. En 1995, Rolf Fehlbaum, presidente de la empresa suiza de muebles Vitra, le dio de regalo de bodas a Federica Zanco el archivo profesional de Barragán. A Gil le gusta el gesto: amor, ahora que nos casamos te traigo un regalo: el archivo de Abraham Zabludovsky, ojalá lo aprecies, cariño. La verdad, no me lo tomes a mal, contestaría ella, pero hubiera preferido un diamante, aunque sea pequeño.

La artista Jill Magid ha firmado un contrato para ser convertida en un diamante cuando muera. Gil quisiera ser un diamante grande. Y cuando le dieran su lugar en una caja de cristal le preguntaría al vecino: Hola, yo soy Gil Gamés, tú ¿quién eres? Yo soy el diamante de Javier Duarte. ¡Noooo!, gritaría el diamante de Gil, ¡castigo divino!

Usted, ¿quién es? Yo soy el diamante de Jaime Sabines. Uta, pues yo soy el diamante de Octavio Paz, ¿tomamos café? Ah, cierto, los diamantes no toman café. Gusto de encontrarlo acá, todo empezó con las cenizas de Barragán, ¿sabía? Sí, Octavio, supe, pero qué duro es vivir en un diamante. Jaime, el arte no conoce límites, ¿recuerda usted el Ready Made de Marcel Duchamp? Sí, lo malo es que no se puede fumar dentro de los diamantes.

El adiós

Lectora, lector, Gamés quisiera ser reiterativo. Un diamante no es arte, no se la prolonguen, por favor. Ahora mal sin bien, si el porvenir se encuentra en las joyerías, ni modo. ¿Qué fue de Gil? Se le puede encontrar en Tiffany, vive tranquilo, pero triste, pues solo lo ven y nadie se lo lleva.

Otros adioses: Gil fue a dar a una torta cubana, y se lo comieron. Un artista mexicano manipuló las cenizas de Gilga y ahora se encuentra en un salero y se le espolvorean sus cenizas a los tacos de maciza. Ah, el arte alternativo: la verdad sea dicha, la polémica es banal, ningún diamante podrá contener ni la memoria ni el talento de Barragán, ¿estamos? Dejemos el asunto en paz y que la artista Magid haga su asunto, si quiere meter un pájaro a vivir, según ella, en Barragán, adelante, cada quien hace el ridículo como le da su regalada gana.

Seferis se apropió del amplísimo estudio: Allí donde toques, la memoria duele.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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