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Viernes , 20.07.2018 / 15:37 Hoy

Uno hasta el fondo

Deporte, ocio, esparcimiento

Gil Gamés

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Gil confió en su memoria, caminó sobre la duela de cedro blanco y llegó a la nave sur de su biblioteca. En un entrepaño de fina madera encontró el libro que buscaba: Deporte y ocio en el proceso de la civilización, de Norbert Elias y Eric Dunning, publicado por el Fondo de Cultura Económica. Elias es autor de un clásico de la sociología: El proceso de la civilización; Dunning es uno de los discípulos de Norbert Elias, especialista en genocidios. Juntos escribieron este libro sobre la sociedad y el deporte del cual Gilga arranca unos cuantos subrayados para cruzarlos, por decir así, con las Olimpiadas de Brasil.

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La mayoría de los deportes entraña un factor de competitividad. Son competencias que implican el uso de la fuerza corporal o de habilidades no militares. Las reglas que se imponen a los contendientes tienen la finalidad de reducir el riesgo de daño físico al mínimo. De modo que tras estos estudios sobre el deporte se halla siempre la pregunta: ¿qué clase de sociedad es ésta en la que cada vez más gente utiliza parte de su tiempo libre en practicar y observar como espectadores estas competencias no violentas de habilidad y fuerza corporal que llamamos deporte?

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El surgimiento del deporte como forma de lucha física relativamente no violenta tuvo que ver con el desarrollo relativamente extraño dentro de la sociedad en general: se apaciguaron los ciclos de violencia y se puso fin a las luchas de interés y de credo religioso de una manera que permitía que los dos principales contendientes por el poder resolvieran completamente sus diferencias por medios no violentos y de acuerdo con reglas convenidas y observadas por ambas partes.

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Los ciclos de violencia son figuraciones formadas por dos o más grupos, procesos de ida y vuelta que atrapan a dichos grupos en una situación de miedo y desconfianza mutuos, en los que cada grupo asume como un hecho natural que sus miembros podrían ser heridos o incluso muertos por el otro grupo si éste tuviera la oportunidad y los medios para hacerlo.

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El deporte es la pacificación de los guerreros.

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Hay cierto grado de afinidad entre un régimen parlamentario y los juegos deportivos. Esta afinidad no es accidental. Ciertos tipos de actividades recreativas, entre ellas la caza, el boxeo, las carreras y algunos juegos de pelota, se convirtieron en deporte y, de hecho, así fueron llamados por primera vez en Inglaterra durante el siglo XVIII, es decir, justamente cuando las antiguas asambleas nacionales, las Cámaras de los Lores y la Cámara de los Comunes, que representaban a secciones pequeñas y privilegiadas de la sociedad, se convirtieron en el principal campo de batalla en el que se decidía quién debía formar gobierno.

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Si preguntamos de qué manera las actividades recreativas suscitan sentimientos en nosotros o nos provocan excitación, descubrimos que generalmente lo hacen creando tensiones. El peligro imaginario, el miedo y el placer, la tristeza y la alegría mimética son desencadenados y quizá disipados por la puesta en escena de los pasatiempos. Estos evocan estados de ánimo diferentes y quizá contrapuestos como los de dolor y júbilo, agitación y paz espiritual.

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Una tragedia escenificada en un teatro, como descubrió Aristóteles, puede evocar en el público sentimientos de miedo y de compasión estrechamente ligados a los que experimentan quienes son testigos presenciales de cómo otros seres humanos caen trágicamente en las trampas que les tiende la vida.

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Pocas sociedades humanas, por no decir ninguna, existen sin un equivalente de nuestras actividades recreativas, sin danza, simulacros de combate, números acrobáticos o musicales, invocaciones ceremoniales de los espíritus: en resumen, sin instituciones sociales que, por así decirlo, proporcionan alivio emocional contrarrestando las tensiones y los esfuerzos de la vida ordinaria con sus serias luchas, peligros, riesgos y coacciones.

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El aprendizaje del autocontrol es un universal humano, una condición común de la humanidad. Sin ella, las personas, como individuos, no lograrían convertirse en seres humanos y, como sociedades, se desintegrarían con rapidez.

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El deporte no es ciertamente la única forma en que determinada disposición biológica para la liberación de las tensiones por sobreesfuerzo puede activarse y estructurarse socialmente. Una de estas disposiciones biológicas más elementales y universales es la propensión humana a la risa.

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La emoción que la gente busca en sus ratos de ocio difiere de ciertos aspectos de otras clases de emoción. Esta es, en todos los sentidos, agradable. Aun cuando comparte algunas características básicas con la excitación que se experimenta en situaciones gravemente críticas, tiene características distintivas que le son propias.

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Se sabe: los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras el mesero se acerca con la charola que soporta el Glenfiddich, Gamés pondrá a circular la frase de Hale Broun por el mantel tan blanco: El deporte no forja el carácter, lo pone de manifiesto.

Gil s'en va

gil.games@milenio.com

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