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Martes , 20.11.2018 / 09:56 Hoy

Uno hasta el fondo

Bondad y confianza

Gil Gamés

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Gil se preguntaba acerca de la  hiperactividad del presidente Liópez. No cesa, no se concede una pausa, sigue en estado de ebullición desde que ganó la elección.

Esto es bueno y es malo, y es regular. Unas regañizas, unos llamados a su causa y unas difamaciones para sus críticos. Serénense, yo no dije eso, si lo que yo defiendo es la libertad de expresión pero cállense la boca golpistas fifís, y no olvidemos: camajanes.

Que nadie se detenga, esta rueda no para, el presidente contagia, es decir, les ordena a sus empleados que promulguen algo para que la Banda Presidencial lleve los colores en el orden en que aparecen en la Bandera Nacional.

Luego pedirá, ni lo dude usted, que el águila de la Bandera sea aquella con la cual se promulgó presidente legítimo en una asamblea a mano alzada en el Zócalo. No olvidemos tan pronto. Qué necesidad, qué ansiedad. Cinco gotas de Rivotril le caerían muy bien al Presidente y a sus más cercanos colaboradores, cinco cada quien. Serénense, duerman sus horas, como decía  la extinta madre de Gilga.

Iniciativa

Oigan, o lean, da igual. El presidente electo, Andrés Manuel López Obrador anunció que presentará ante el Congreso de la Unión una iniciativa de ley para eliminar todas las áreas de inspección y fiscalización del gobierno federal y simplificar los trámites con el fin de acabar con la corrupción y la impunidad en México.

Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: la autoridad todo lo derrota: Que nadie se robe un peso, ¿entendido? Síii. Que nadie fije sobreprecios en su contrato. Nooo. Y todo por la palabra del líder moral. Ya basta de esos camajanes.

Un grito ensordecedor se oyó en las salas del Aeropuerto Internacional Benito Juárez: Ay, mis hijos, no somos nada, camajanes de altura. Y, además, quieren los terrenos del actual aeropuerto para sus pútridas empresas. Ups.

Más del populismo

“El populismo no es un correctivo de la democracia liberal, en el sentido de llevar la política ‘más cerca del pueblo’. Ni siquiera de reafirmar la soberanía popular, como se asegura a veces; pero puede servir para mostrar que hay partes de la población que en efecto no están representadas (la falta de representación puede afectar los intereses o la identidad, o ambos).

“Esto no justifica el postulado populista de que solo sus partidarios sean el pueblo real y que ellos sean los únicos representantes legítimos. El populismo, entonces, debe forzar a los vencedores de la democracia liberal a pensar mejor en cuáles podrían ser las fallas actuales del sistema de representación.

“También debe empujarlos a lidiar con preguntas morales más generales: ¿cuáles son los criterios para pertenecer al cuerpo social?, ¿por qué exactamente vale la pena preservar el pluralismo?, ¿cómo se pueden abordar las preocupaciones de los votantes populistas, concebidos como ciudadanos libres e iguales y no como casos patológicos de hombres y mujeres incentivados por la frustración, la furia y el resentimiento? […]

“Se debe criticar a los populistas por lo que son: una verdadera amenaza a la democracia (y no solo al liberalismo). Pero eso no significa que uno no deba involucrarlos en el debate político. Hablar con los populistas no es lo mismo que hablar como populistas. Es posible tomar seriamente los problemas que ellos plantean sin aceptar la forma en la que enmarcan esos problemas […].

“Los populistas pueden gobernar, y es probable que lo hagan en concordancia con su compromiso básico con la idea de que solo ellos representan al pueblo. Concretamente, se dedicarán a ocupar el Estado, al clientelismo y a la corrupción, y a la supresión de cualquier cosa parecida a una sociedad civil crítica. […] Los populistas también pueden escribir constituciones; éstas serán constituciones partidistas o ‘exclusivas’ diseñadas para mantener a los populistas en el poder en nombre de la permanencia de una supuesta voluntad popular original y auténtica. Es probable que tarde o temprano promuevan un serio conflicto constitucional”. (Jan-Werner Müller, ¿Qué es el populismo?, Grano de sal, 2017).

Gil s’en va

gil.games@milenio.com


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