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Martes , 16.10.2018 / 14:33 Hoy

Uno hasta el fondo

Bajos fondos

Gil Gamés

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Gil no da crédito y cobranza. La información que ha puesto al descubierto su periódico El País le ha puesto al pobre Gamés los pelos de punta. La lectora y el lector ya lo saben, pero vale la pena repasarlo: Juan Manuel Muñoz Luévano, conocido como El Mono, personaje asociado a Humberto Moreira, manejaba una red de operaciones financieras en México y Europa. El País obtuvo una parte de la contabilidad del operador de Los Zetas. En una semana, Los Zetas colocaron en Europa 2 mil 100 kilos de cocaína. Su periódico Reforma refiere que en los documentos de El Mono se detallan 59 entregas millonarias de dinero en maletas a los principales líderes zetas.

Las entregas se realizaron en distintos y céntricos hoteles de Ciudad de México como El Marquís de Reforma y El Camino Real de Polanco. Caracho, usted se hospeda en un hotel de avenida Reforma y en el cuarto contiguo varios sicarios entregan maletas con millones de dólares. Usted se toma la copa con amigos verdaderos en un bar de un hotel de Polanco y a dos metros, en otra mesa, dos asesinazos esperan a un contacto que les entregará unos cuantos millones de dólares. Cuando la realidad empieza a parecerse a un capítulo inverosímil de El señor de los cielos, Gil quisiera salir de esa realidad como alma que lleva el diablo.

Falso o verdadero

Ahora mal sin bien: El País explica que la captura de Muñoz Luévano se vincula al caso de Rolando González Treviño, detenido en Estados Unidos y acusado de manejar las cuentas del estado de Coahuila durante el mandato (y qué mandato) de Humberto Moreira. Como decía la extinta madre de Gil cuando algo la rebasaba: la cabeza me va a estallar. La verdad sea dicha (muletilla patrocinada por Morena), nada de toda esta red del narcotráfico se le ha probado a Moreira, pero huele intensamente a gas.

No acaba la cosa: según su periódico Reforma funcionarios y ex funcionarios del gobernador Rubén Moreira han sido implicados como integrantes de la red de lavado y protección del grupo de Manuel Muñoz Luévano. La repartición de los dineros sube y baja a gran velocidad y pasa por funcionarios públicos que forman la red protectora.

Gamés hiperventiló y hesitó al mismo tiempo: ¿será posible que toda esta información sea falsa? ¿Que se trate de la invención de mentes maléficas que pretenden enlodar la reputación de Humberto Moreira, incendiar el prestigio, mju, de un gobernador y un presidente del PRI y de su familia? Gamés piensa, repiensa y se devana los sesos: ¿una enormísima mentira en la que participan las policías de Estados Unidos, España y México? ¿Una estratagema (gran palabra) de varios periódicos? A Gamés le sudan las manos, siente una opresión en la nuca, se le seca la boca: ¿Y si todo esto fuera verdad? Pues muy simple: se confirmaría la versión de que el narcotráfico ha penetrado la política mexicana como la humedad al muro. Un grito desgarrador rompió el silencio del amplísimo estudio: ay, mis hijos narcopolíticos.

Más de Duarte

Mientras tanto, en otro lugar del mundo, el Ejército cateaba cinco propiedades de Javier Duarte en Ciudad de México. La PGR acusa a Duarte y a ocho cómplices de lavar 253 millones de pesos en diversas operaciones de compra-venta de terrenos en Campeche a través de la Inmobiliaria Brades. En esos terrenos se construyó el Campeche Country Club, un desarrollo residencial. Las tierras fueron desincorporadas del régimen ejidal y se adquirieron cuatro parcelas por 10 millones de pesos, explica la nota de su periódico Reforma. Una de ellas se habría vendido (tiempo verbal de las corruptelas) en más de 253 millones de pesos a la Inmobiliaria Brades, empresa que recibió recursos de otras nueve compañías. Lo dicho: una banda de cuatreros resultaría un ejemplo de transparencia comparada con la pandilla de Duarte y los suyos.

A través de terceras personas, Duarte compró dos casas en Lomas de Chapultepec con un valor de 47 millones de pesos y además invirtió en unos tiempos compartidos en el St. Regis de Nueva York, que le costaron millón y medio de dólares. Hasta donde Gil entiende, estos son algunos de los ejemplos de las redes que diseñó este grupo de funcionarios públicos convertidos en una mafia de lavado de dinero.

Tal vez Gil atraviesa por momentos oscuros, pero después de leer los casos de la red narca de Juan Manuel Muñoz Luévano y sus posibles relaciones con políticos, de la rapiña de Javier Duarte, de las exacciones de Guillermo Padrés, recordó el principio de la novela de Vargas Llosa Conversación en la catedral y en la frase de Zavala: ¿en qué momento se había jodido el Perú? Esta es la frase que Gil pronunció en el amplísimo estudio: ¿En qué momento se había jodido México?

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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