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Domingo , 22.07.2018 / 07:59 Hoy

Uno hasta el fondo

Amargos sufrimientos

Gil Gamés

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El domingo nublado prometía lluvia desde temprano, pero el agua cayó tarde en esa hora de junio (Gil tiene su repertorio de frases pellicerianas, ¿qué creían?). Los contingentes de la marcha a la cual convocaron Liópez y Morena se acercaban a la avenida Reforma en camiones, muchos camiones, 794, que llegaron a Ciudad de México para apoyar a la CNTE.

Gil lo leyó en su periódico MILENIO: la mayoría venía del Estado de México, 109; de Oaxaca, 87; de Guerrero, 78; de Hidalgo, 58; de Michoacán, 56, y de Tabasco, 50. Hubo un tiempo en que a esta forma de llevar y traer personas a una marcha política se le llamaba acarreo. Todo ha cambiado tanto que esta vulgar forma de acarrear recibe el nombre de "marcha en apoyo a los maestros mexicanos".

La delegación Tláhuac mandó muchos microbuses y, junto con Iztapalapa, contrató 12 grúas para los equipos de sonido. Gilga supone que además les dieron un lonchibon con su buena torta, su agua y su gelatina a los asistentes. Ah, la edad dorada del priismo de matraca y estandarte; ah, la visera y la camiseta. Nadie se baña dos veces en el mismo río priista. Pobre Gamés, lo que tiene que ver a sus años.

Según las cifras oficiales, el acarreo, más la asistencia de quienes fueron de forma espontánea sumaron unos 40 mil. Una cifra nada despreciable, pero para qué más que la verdad, hubo días en que Liópez movía más de 100 mil parpadeando contra el fraude. Ese hueso con poca carne lo van a pagar Batres y Sheinbaum y Polevnsky. ¿Qué les pasa calabaza? ¿Por qué no se despacharon con el cucharón y trajeron mil 500 camiones? Así no se puede. No les dije que pudieran ponerse de pie, rezarán de rodillas, que buena falta les hace.

La oportunidad calva

En el momento culminante, allá en las alturas del templete, Liópez propuso, como otras veces, algo perfectamente sensato, posible, normal, democrático, inteligente, incluso generoso: derrocar pacíficamente al gobierno de Peña Nieto. Muy simple: que en el último tercio de su gobierno, el Presidente conforme un gobierno de transición y así entregue el poder sin violencia en el año 2018. Oigan esto: "El país ha entrado en un proceso preocupante y riesgoso de descomposición. No queremos la violencia ni apostamos a mayores desgracias; no apostamos a encabezar la reconstrucción de México a partir de escombros y amargos sufrimientos. No somos ambiciosos y vulgares. Estamos a tiempo de evitar un derrumbe precipitado, ruinoso y perjudicial para todos".

¿Cómo ven el diagnóstico de Liópez? Sobra, pero no sobra añadir que todo esto lo ha dicho Liópez en una asamblea en apoyo de la CNTE que no es ni será nunca de los nuncas ambiciosa y vulgar, precipitada y ruinosa. Gil a veces se siente ruinoso y un poco precipitado, lo que sea de cada quien. A la calva la pintan de oportunidad, ¿o cómo era?

Desde luego, Liópez exigió la renuncia de "Chong" y la libertad de los presos políticos. ¿Se acuerdan del chiste que inventó Sergio Zurita en su momento?: Chong Penn. El verdadero problema (muletilla pagada por el propio Gil con el estipendio que gana escribiendo sus columnas) es que Gamés ya vio esta película: en 2004, 2005, 2006 y luego en 2010, 2011 y 2012. ¿Recuerdan ustedes la película El día de la marmota? Se repetirá, se repite en 2016, 2017 y 2018 y así hasta el fin de los tiempos cuando Liópez diga: la mafiach del poderch que nos robó, ¿qué nos robó, Batrech?

Un lamento desgarrador rasgó el terso silencio del amplísimo estudio: ay, mis hijos, necios, repetitivos, obsesivos.

Línchala, mátala

Gamés lo leyó en su periódico El Universal en una breve crónica de Cristina Pérez-Stadelmann: "Un solo cerillo, una chispa habrían bastado para que el cuerpo de Rosa ardiera. No ocurrió así porque entre sus agresores hubo discordancia. La gasolina la empapaba. Unos decían que les servía más viva que muerta, otros gritaban que era mejor acabar de una vez con ella mientras le acercaban un encendedor. La llamaban traidora. Su placa se perdió en medio de palabras amenazantes: línchala, mátala. Iba desarmada. Su única identidad era el uniforme azul de la Policía Federal. Cayó en una emboscada en un territorio de hombres y mujeres encapuchados".

Gilga cita este fragmento de una policía federal bañada en gasolina y a punto de ser quemada por no dejar. ¿Quiénes eran los encapuchados? Depende; si le preguntan a Liópez, dirá que agentes de la mafia del poder; si le preguntan a Gabino Cué, dirá que él no tiene un mapa del lugar y que tiene entendido que los mandos dieron órdenes; si le preguntan a los periodistas combativos, dirán que desde luego se trata de infiltrados pagados por "Chong"; si le preguntan a Gilga, dirá que se trata de simpatizantes o miembros de la CNTE, brigadas de choque que desde hace mucho tiempo ejercen impunemente la violencia en Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Chiapas. ¿Usted dirá? Mientras son peras o son piñas, la policía Rosa Saldaña Topete salvó la vida de milagro.

Mientras tanto, en la Secretaría de Gobernación reanudan el diálogo los líderes de la CNTE y la autoridad de las gobernaciones. Gilga pregunta al viento y a su corazón simple: ¿qué negocian? Al parecer la reforma educativa es innegociable, ¿entonces? Convendría saber.

La máxima de Emerson espetó en el ático de las frases célebres: Las coherencias tontas son la obsesión de las mentes ruines.

Gil s'en va

gil.games@milenio.com

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