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Lunes , 24.09.2018 / 12:52 Hoy

Ejercicio del Poder

Clase política, aberrante

Gerardo Viloria

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Reza un refrán que "En política como en el amor, todo se vale". En contraparte, un proverbio ranchero señala: "Hay que ser cochino, pero no trompudo".

Lo anterior, en referencia a las diversas triquiñuelas estimadas -por el colectivo social- como sucias, torpes, desaseadas, ejecutadas en la Cámara de Senadores, la noche del jueves 31, para elegir al nuevo presidente de la Mesa Directiva para el tercer año de ejercicio de la actual legislatura.

Con la ausencia de la mayoría de la bancada panista el pleno del Senado de la República, con 77 de 82 votos, eligió al senador del PAN, ERNESTO CORDERO ARROYO.

En la negociación dirigida por EMILIO GAMBOA, el PRI obtiene apoyo para Fiscalía General.

Ante esto, el coordinador de los senadores del PAN, FERNANDO HERRERA, exclamó: "Este es un atropello; esta es una vergüenza. Ya vimos quiénes son los traidores que le han dado la espalda al pueblo. Negociando a las espaldas, traicionando la confianza de millones de mexicanos".

El senador JORGE LUIS PRECIADO descalificó al nuevo presidente CORDERO y a otros tres de sus compañeros de partido, a los que llamó "traidores" y sugirió que los compraron.

Subrayó: "Lo que lamento es que a veces pueda más la cartera que la camiseta". "Y te hablo a ti, CORDERO; y te hablo a ti, LOZANO; y a te hablo a ti, LAVALLE; y te hablo a ti, ROBERTO GIL".

En este contexto CORDERO ARROYO, ha sido considerado y definido como vendido, puesto que con su nombramiento permitirá que el actual procurador RAUL CERVANTES ANDRADE, sea en automático el nuevo Fiscal General de la nación.

En su epigrama, el periodista MIGUEL ANGEL FERRER, destaca: "El PRI designó a un panista presidente del Senado. Es infinita la lista de azules que han traicionado".

Estas reclamaciones entre senadores contaminaron las negociaciones en la Cámara de Diputados.

Frente a estos acontecimientos, penosos e inadmisibles, independientemente de quien pueda tener o no razón, lo delicado es el creciente hartazgo y desconfianza hacia la política y los políticos, apremios que se transforman en cicatrices que horadan la piel de los mexicanos.

La clase política inmoral es fuente del enojo ciudadano. La población, la considera, por su conducta y actitud, cada vez más con mayor cinismo, preocupada por avanzar en la colusión de sus intereses, dejando de lado los de la nación.

Percibe que, salvo honrosas excepciones, el dinero les fluye por los favores, las influencias y por la corrupción.

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