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Martes , 13.11.2018 / 19:52 Hoy

Columna de Gerardo Ruiz Esparza

Un aeropuerto de calidad mundial para la Ciudad de México

Gerardo Ruiz Esparza

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Desde hace décadas se había hecho evidente que el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México era ya insuficiente para las necesidades que imponía el crecimiento del país, de su población, del transporte aéreo y de los intercambios con el exterior. Operativamente, el aeropuerto actual no tiene para dónde hacerse, pues solo cuenta con dos pistas paralelas, con una distancia entre ellas de 315 metros, insuficiente para hacer despegues y aterrizajes simultáneos. En la práctica es como si hubiera una sola pista. Con este esquema no se puede manejar más de una operación por minuto, el ritmo máximo que puede lograrse en las condiciones actuales, cuando pasan por este aeropuerto 32 millones de pasajeros. La capacidad operativa del AICM se encuentra en su límite. Estas instalaciones están rodeadas de zonas habitadas.

En el gobierno del presidente Ernesto Zedillo se hicieron estudios con apoyo de la agencia estadunidense Mitre, especializada en espacios aéreos. Se hizo evidente que debía contarse con un nuevo espacio. Todos conocemos el intento fallido de 2001, cuando tuvo que derogarse el decreto de expropiación en terrenos de Atenco, que afectaba a cerca de 4 mil 400 familias.

Se optó entonces por construir la Terminal 2 en terrenos propios, para aumentar la capacidad de atención de pasajeros, pero poco pudo hacerse ya para realizar un mayor número de operaciones. Otra solución temporal. Entre 2007 y 2012 se realizaron 17 estudios de factibilidad en diferentes materias que permitieron validar el proyecto de un nuevo aeropuerto; sin embargo, no se materializaron en un proyecto.

La necesidad de un nuevo aeropuerto es imperiosa e ineludible. Al comienzo del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto se tomó la determinación de avanzar rápidamente en este proyecto, como parte de otro mucho mayor: que le vaya bien a México. El Presidente ha planteado como objetivo estratégico de su política de comunicaciones y transportes hacer de México una plataforma logística de primer orden mundial y aprovechar al máximo nuestra privilegiada posición geográfica, con más de 11 mil km de litorales, de nuestros tratados comerciales que nos relacionan con 44 países, de las reformas estructurales que esperábamos hace más de 20 años, de nuestro bono demográfico con una población con edad promedio de 27 años y de que México está siendo visto hoy en día como un sitio adecuado para manufacturar bienes con alta tecnología y especialidad como automotores, bienes electrónicos o partes para la industria aeronáutica y satelital, entre otros.

Si queremos crecer como país con estas habilidades que nos permitan generar los empleos bien pagados, que tanto necesitamos para desarrollarnos social y económicamente, necesitamos estar mejor preparados como plataforma logística. Sin un aeropuerto central, suficiente, digno, moderno y pensado para el futuro, este objetivo no puede alcanzarse.

Con mejores autopistas y carreteras, puertos con mayor capacidad y modernidad, ferrocarriles de carga modernos y con mayor velocidad, con mayores y más modernas telecomunicaciones y con una amplia conectividad con el resto del mundo, estamos mejor preparados.

El aeropuerto que le da servicio a la capital de la República maneja 34% de pasajeros de todo el país con 32 millones de usuarios por año y realiza operaciones por minuto al límite de su capacidad. Las consecuencias son graves y diversas; esta saturación operativa limita la llegada de nuevas inversiones, negocios, de más turismo, así como de más carga aérea, que es la vía más rápida para exportar e importar bienes, además de que el aeropuerto no cuenta con superficie para instalar una plataforma logística de valor agregado.

En síntesis, el nuevo aeropuerto es parte esencial de nuestro desarrollo. En la región oriente del Valle de México representa un factor clave para corregir temas estructurales. Será una fuente de miles de empleos y de nuevas oportunidades para la región; las obras hidráulicas que se realizarán, triplicarán la capacidad de almacenamiento de agua y duplicará la superficie lagunera de mil 400 a 2 mil 700 hectáreas; permitirá el establecimiento de nuevas áreas verdes y el establecimiento de nuevas universidades, escuelas técnicas y áreas de capacitación para los puentes de la región.

Desde luego que también requerirá de un plan de conectividad terrestre de nuevas vialidades de acceso y de transporte masivo.

Con un diseño innovador y de última generación, el nuevo aeropuerto será autosustentable y generará su propia electricidad a través de celdas solares y de autogeneración, así como a través de un sistema de captación de aguas pluviales que las colectará para poner al servicio del propio aeropuerto y habrá espacio para instalar un centro logístico que pueda agregar valor a mercancías que lleguen por vía aérea, para exportarlas ya transformadas por el mismo medio.

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