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Miércoles , 17.10.2018 / 17:46 Hoy

Ventana abierta

Tiempo de canallas

Gerardo Moscoso Caamaño

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Hay algún tipo de personalidades seductoras que aprovechan estos tiempos de incertidumbre para confundir, que no quieren ni aman más que a su persona y a sus propios intereses y que son capaces de vender su propia alma al diablo para obtener de los influyentes y de los poderosos, sus favores.

Estas personalidades tan frecuentes en tiempos aptos para el desconcierto, crecen y se reproducen con una enorme facilidad al amparo de la desvergüenza, bajo protección de intermediarios mentirosos y trepadores. ¿Cómo podemos reconocerlos? Es tarea difícil en una época marcada por la corrupción, la vulgaridad y la acelerada propensión a la ruina moral. ¿Cómo evitar vernos seducidos por estos impostores del bien hacer, tramposos y aduladores?, ¿es posible no sucumbir a sus encantos adversos?

De acuerdo a la teoría dramática, se acostumbra a considerar la obra de Moliére como una crítica demoledora de los vicios de la sociedad y de sus hombres. Este tipo de personajes seductores se infiltran en los círculos más honorables, se disfrazan con las máscaras más discretas y practican con complacencia, los valores humanos y las virtudes públicas que reservan hasta la más íntima sospecha del desprecio.

Reptan, anhelantes, despacio, sin ruido, hasta encontrar el lugar en donde hincar su veneno. Son pacientes con el poderoso, simpáticos con el empresario, pero son egoístas, crueles y avariciosos con el pobre y el necesitado. Estos ejemplares depredadores del presupuesto público confunden nuestra realidad con su fantasía. Y como no aprenden ni con desprecios ni con sanciones, ni tampoco con el descrédito de los honestos, serán siempre estos canallas quienes contribuyan a la banca rota de las relaciones humanas.

Al igual que para Moliére, Chejov, Ibsen, Strindberg o Valle Inclán, nuestro mundo es amargo.

De ahí el profundo pesimismo en sus personajes. La medida de la delincuencia la establece la misma sociedad que está hecha a la manera de espejo de sus delincuentes. ¿Es esta una sociedad que por su ruindad merece ser desobedecida? Al tiempo.

Toda sociedad está hecha a la medida de sus Misántropos, Polonios, Yagos, Peponas, tartufos y demás mezquinos que la usufructúan.


lonxedaterra@hotmail.com

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