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Domingo , 23.09.2018 / 08:15 Hoy

Ventana abierta

Sin ofender a los burros

Gerardo Moscoso Caamaño

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Hace poco pasé por una situación tan ofensiva con un asalariado público que de tan vulgar, no vale la pena ni siquiera mencionar su nombre, pero que hizo cuestionarme el porqué de estar viviendo aquí, en La Comarca Lagunera, intentando aportar el producto de mi esfuerzo y trayectoria.

Me he puesto a reflexionar como he vivido; el dolor de tanta gente viviendo en condiciones infrahumanas en un mundo tan injustamente ordenado, en la mejor manera de contribuir a que esas asimetrías sociales se acaben. Estoy viviendo en estos tiempos un cúmulo de experiencias singulares, lo cual me hace feliz, más no conformista. Hay que estar alerta, no dormirse, no “nadar de muertito”.

Hay que pensar, discutir, criticar, volver a pensar. Esa es la batalla, la del pensamiento crítico, la que jamás debe abandonarse. Más que una batalla es una lucha continua, una guerra subterránea y oculta que hay que mantener contra la entropía, el desorden, el caos. La entropía tiende a degradar la materia, la Revolución tiende a todo lo contrario y, en el fondo, es liberación, la superación de esa tendencia a caer, a derrumbarse.

Pero eso exige una tensión continua, un mirar a fondo los eventos, un análisis minucioso del que surja una síntesis superadora, que puede darse utilizando la imaginación.

Una vida sin imaginación, sería una vida no humana y es precisamente la capacidad de imaginar lo que marca la inteligencia. ¿Hasta qué punto la imaginación sería posible sin contar con la realidad? La imaginación necesita conocimiento, datos, tiene que apoyarse en que ellos están aquí o que han ocurrido alguna vez y se guardan en la memoria. Para imaginar tengo que contar con el pasado y ponerlo en relación con el presente, con la realidad que me rodea.

La molestia me sigue llevando al problema de la inteligencia. Si pienso dialécticamente, pienso mejor en la medida que conozco la realidad que me bloquea en toda su complejidad y con todos los datos acumulados imagino lo nuevo posible, como el de dejar de hablar con un asno, (sin ofender a los burros).


lonxedaterra@hotmail.com

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