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Sábado , 22.09.2018 / 18:20 Hoy

Ventana abierta

Romántico pendejo

Gerardo Moscoso Caamaño

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El trabajo, tanto si es fastidioso, como si resulta interesante, tanto si es aburrido, como si es apasionante, excluye de nuestras vidas el disfrute. El tiempo dedicado exclusivamente a trabajar, es tiempo perdido para una vida plena.

En este terreno, la sociedad industrial y el sistema económico que nos rige, con su exaltación convencida de la actividad productiva, aparece como contrario a la celebración, el disfrute y el placer, como antítesis, a fin de cuentas, de la existencia.

De la casa al trabajo y del trabajo a la casa, hasta la jubilación. Los adelantos de la tecnología no han servido para disminuir el tiempo de trabajo de los asalariados (suena obsoleto ahora decir “clase trabajadora”), sino para aumentar la producción.

La miseria de las mayorías y el lujo superfluo y excesivo de las minorías, proviene esencialmente de la lógica de un sistema económico basado en la obtención de beneficios para la clase dominante.

Más claro todavía: Se eleva el derroche de las clases altas de los países desarrollados, manteniendo en niveles reducidos el bienestar y prosperidad en los países pobres.

Para remediar este asunto sería necesario no aumentar la producción global a cambio de un reparto equitativo de los bienes producidos, reorientando la producción hacia áreas socialmente útiles: alimentos, educación, vestido, vivienda transporte salud, cultura. Es cuestión de trabajar menos y mejor. Producir lo necesario limitando el despilfarro.

Reducir la industria bélica, nociva y despilfarradora, permitiría bajar el consumo de energía y materias primas.

Si sumáramos a esto el reciclaje periódico de los deshechos, nos encontraríamos en el umbral de unas formas de producción ecológicamente estables. Para conseguir un consumo más justo y aceptable, no es necesario incrementar la producción y agrandar los problemas energéticos y la destrucción del medio ambiente.

Quizás estableciendo nuevas bases del sistema productivo, a partir del carácter limitado de los recursos y de las necesidades fundamentales de la población.

Lograr una disminución fundamental del tiempo de trabajo obligatorio y aumentar el tiempo libre, el tiempo para vivir y gozar la vida.Eres un “romántico pendejo”, me calificaba mi padre. Seguramente tenía razón.


lonxedaterra@hotmail.com

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