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Martes , 20.11.2018 / 18:08 Hoy

La cuesta moral de Enero

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Por estas fechas, se repite lo mismo. Por fuera, tanta agitación, tanto movimiento, tantas visitas a los amigos, tantas comilonas, tantos propósitos, tantos excesos y tantos abrazos.

Y, por dentro, el decaimiento existencial inevitable y trivial: pero, ¡ah chingados¡ ya transcurrió un año más. Frente al sentido de pérdida del vivir, uno inventa la alegría forzada de la renovación. Dudo que incluso los individuos más reacios a los cantos de sirenas navideños, padezcan, en estas fechas, algún momento de cruel debilidad durante el cual hacen buenos propósitos para el año que ya ha comenzado.

Este 2018, voy a ponerme a dieta, a ver si empiezo a hacer ejercicio para bajar la panza, a ver si comparto más tiempo con mi familia, a ver si dejo de alimentarme mal, a ver si leo más o me inscribo en algún taller cultural, a ver si me comunico mejor con mis compañeros….

Ya a pasaron los primeros 15 días del mes de Enero: y, una vez transcurrido el “puente Guadalupe-Reyes” te avientas al ancho mar del nuevo año, intentando contemplar la existencia como un pizarrón del que pudiéramos borrar todo lo que nos avergüenza y ridiculiza, lo que nos agobia, lo que nos deteriora. Desde relaciones dañinas a amistades conflictivas, pasando por decisiones laborales difíciles, errores cotidianos, traiciones sentimentales. “Si yo hubiera sabido antes lo que ahora se”, nos decimos, no hubiese nunca hecho lo que hice”. Qué reflexión más pendeja: para haber aprendido todo lo que uno hoy sabe, hay que haber pasado antes por todo aquel dolor, por aquellas equivocaciones, por aquella desdicha.

Todos llevamos dentro, en mayor o menor grado, un afán de transformación, de buenas intenciones de renovarnos a voluntad. Sin embargo, es cierto que lo que somos hoy se debe a las causas que generamos ayer. Bienvenidos los errores si de ellos sacamos alguna enseñanza; solamente así seremos capaces de crecer, de auto transformarnos.

Para ser de verdad, hay que haberse equivocado, reconocerlo y haber sufrido.

La competencia arrogante, la codicia, la estupidez y la envidia enmascaran lo ciertamente valioso.


lonxedaterra@hotmail.com

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