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Domingo , 24.06.2018 / 11:56 Hoy

Capitolio

Nadar de muertito

Gerardo Hernández

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Desentenderse de las responsabilidades incómodas y electoralmente costosas, agravó los problemas del país a escala municipal, estatal y federal. Durante el monopolio priista del poder, cuando los alcaldes rendían cuentas a los gobernadores y estos solo al presidente, las cosas funcionaban de distinta manera. La consigna era mantener el orden aunque no hubiera progreso.

Hoy ni lo uno ni lo otro.La bandera priista para volver a Los Pinos, después de un par de sexenios panistas a cual más de ineficientes y arrebatados, fue justamente su pericia para enderezar tuertos.

Sin embargo, los tiempos cuando el PRI parecía gobernar como maquinaria de relojería, basado en el autoritarismo, un Congreso dócil, una prensa sumisa y una sociedad en su mayoría silente o ignorada, ya habían pasado.

Con Fox y Calderón, los gobernadores ejercieron el poder de manera absoluta, como todavía lo hacen ahora, quizá con menor discrecionalidad; de otra manera, Peña no estaría hoy donde está.

En lugar de un presidente imperial, como fue Carlos Salinas, México tuvo uno por estado. Roto el eje del control político, los problemas contenidos se desbordaron y la delincuencia organizada adquirió carta de naturaleza. El país se volvió entonces un caos.

Los costos se pagan ahora, irónicamente, con un ex gobernador en la presidencia.

Por respeto a la soberanía de los estados, falta de valor, pactos secretos o intercambio de favores, Fox y Calderón no utilizaron los instrumentos a su alcance para enjuiciar a los mandatarios locales más corruptos y arbitrarios.

Esa circunstancia la aprovecharon los gobernadores y alcaldes para “nadar de muertito”.No solo eso, los estados y los municipios se endeudaron más allá de sus capacidades de recaudación y pago. Malgastaron, robaron y compraron votos con la perspectiva de un rescate del PRI de nuevo en el poder.

Sin embargo, todo se vino abajo por dejar de gobernar y echar las campanas al vuelo.Con tantos males a cuestas, la mayoría de los cuales se le atribuyen, sin ser el responsable de todos, el presidente Peña pidió a los alcaldes, reunidos en la Conferencia Anual de Municipios, “no nadar de muertito” y atacar la inseguridad.

Calderón, después de todo, no estaba equivocado, como tampoco lo está ahora Peña: mirar para otro lado es la peor política. Más cuando el país se hunde en los pantanos de la corrupción.


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx

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