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Sábado , 23.06.2018 / 19:05 Hoy

Capitolio

Informe bajo la tormenta

Gerardo Hernández

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Las condiciones del país, previas al cuarto informe de Enrique Peña, son inéditas; casi de Estado fallido. El concepto espanta, pero la debilidad e ineficacia del gobierno federal, la corrupción desbordada y el avance de la criminalidad, lo prefiguran. Para evitarlo es preciso adoptar medidas urgentes, ya. El contexto es adverso de por sí, al margen de quién sea el futuro presidente de Estados Unidos. Hillary Clinton representa para México el mal menor.

Nada peor para la primera potencia que sentirse amenazada por factores reales o ficticios. La paranoia ha causado incluso guerras. Nada más alarmante para el pueblo anglosajón que las tendencias demográficas según las cuales en las próximas décadas serán minoría en su propio país. La manipulación y exageración de esos sentimientos le permitieron a Donald Trump ganar la candidatura y pueden darle también la presidencia. Tal posibilidad eriza la piel, pero más vale estar prevenidos.

Sin embargo, el gobierno mexicano vio venir la tormenta y en lugar de sacar el paraguas y el impermeable, buscó refugio bajo el árbol de la incuria donde el riesgo de que a todos nos parta un rayo aumenta considerablemente. Lo mismo pasa en seguridad, política, economía y educación. El futuro promisorio por las reformas devino pronto en oscuridad y desencanto. El presidente no gobierna y la prioridad del gabinete ya no es la solución de los problemas, sino la sucesión de 2018. La soberbia les impide ver el precipicio.

En un entorno cuya complejidad será mayor en los próximos años, México necesita más que nunca de un estadista. Con conocimiento del país, de sus problemas y del mundo. ¿Lo tiene? Debe existir, pero la tarea de encontrarlo será tan ardua como buscar una aguja en un pajar. Después de probar doce años con el PAN y de regresar al PRI, Andrés Manuel López Obrador parece ser la opción. No porque reúna los requisitos de jefe de Estado, sino por el malestar de la población contra los dos grandes partidos, los cuales, en el ejercicio del poder, se volvieron indistinguibles.

Las banderas del PAN contra la corrupción hoy son jirones. Y de la promesa del neófito líder del PRI, Enrique Ochoa, de, ahora sí, castigar a los gobernadores, alcaldes y funcionarios federales, estatales y municipales cuyas fortunas vertiginosas proceden del erario, de sus relaciones con la delincuencia organizada o de ambos, él mismo se burla.


gerardo.espacio4@gmail.com

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