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Sábado , 22.09.2018 / 06:17 Hoy

Capitolio

El túnel del tiempo

Gerardo Hernández

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Las luces de alternancia en México —orientada esta vez hacia la izquierda— atraen la atención de la prensa internacional y de escritores como el Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, quien ha advertido en diversos foros sobre el riesgo de elegir a AMLO. 


En agosto de 1990, cuatro meses después de perder la presidencia del Perú frente al populista Alberto Fujimori, y en plena borrachera salinista, Vargas Llosa acuñó una frase revulsiva que, en la circunstancia actual, quizá resulte premonitoria (entrar en el túnel del tiempo y regresar al pasado): “México es la dictadura perfecta”.


Durante su participación en el encuentro El siglo XX: la experiencia de la libertad, el autor de La fiesta del Chivo precisó que “La dictadura perfecta no es el comunismo. No es la URSS. 


No es Fidel Castro. La dictadura perfecta es México”. Aunque camuflada, “tiene de hecho, si uno escarba, todas las características de la dictadura: la permanencia, no de un hombre, pero sí de un partido. Un partido que es inamovible”. Por cortesía o acaso para matizar su “inelegancia”, celebró la “democratización actual” de México.


¿Ironía? Dos años antes, la elección fraudulenta de Carlos Salinas dejó en el camino decenas de muertos, entre simpatizantes y colaboradores de Cuauhtémoc Cárdenas, principal candidato opositor. Apenas en 1989, el PRI había reconocido su primera derrota estatal (en Baja California) después del “fraude patriótico” en Chihuahua. 


Vargas Llosa incomodó a sus anfitriones, entre ellos Octavio Paz, pero no bajó la guardia: “Yo no creo que haya en América Latina ningún caso de sistema de dictadura que haya reclutado tan eficientemente al medio intelectual, sobornándolo de una manera muy sutil”.


Con La verdad de las mentiras recién salido de la imprenta, Vargas Llosa no se fue por las ramas: “Tan es dictadura la mexicana que todas las dictaduras latinoamericanas, desde que yo tengo uso de razón, han tratado de crear algo equivalente al PRI”. Alberto Fujimori, quien lo derrotó en segunda vuelta, le dio la razón: con argucias, reformas a la constitución y un autogolpe de Estado, devino en dictador. 

Su gobierno resultó ser uno de los más corruptos y represivos de América Latina. 


gerardo.espacio4@gmail.com

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