• Regístrate
Estás leyendo: El ejemplo de Zedillo
Comparte esta noticia

Capitolio

El ejemplo de Zedillo

Gerardo Hernández

Publicidad
Publicidad

Enrique Peña ya no puede salvar su presidencia. Su aprobación ronda el 20%, la más baja para cualquier mandatario desde que se tenga registro. El triunfo de Andrés Manuel López Obrador lo dan por sentado Montescos y Capuletos, así sea a regañadientes. Lo que sí puede, a cinco meses de concluir el sexenio, es asumir su papel de jefe de Estado, dejar de interferir en las elecciones y acatar el juicio de las urnas. Ernesto Zedillo reconoció el triunfo de Fox y libró al país de una crisis política.

Un nuevo “fraude patriótico” condenaría al país a mayores males. La victoria de AMLO adquirió carta de naturalidad mucho antes de los comicios. Su ventaja en las encuestas es tan amplia, tanto el enojo ciudadano y tan arraigado el deseo de cambio, que no existe margen para un final inesperado; si acaso, Ricardo Anaya podría acortar la brecha.

El PRI que regresó al poder es uno de los más nefastos. Encubrió a gobernadores pillos y a funcionarios venales, ejerció el poder de espaldas a la sociedad y la estrategia contra la delincuencia organizada devino baño de sangre: 120 mil muertos y decenas de miles de desaparecidos. Las masacres en Tlatlaya, Apatzingán y Ecuandureo, la desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa, el asesinato de 50 periodistas (Eje Central, 2.05.18) y de 48 candidatos y precandidatos en el proceso electoral (El Financiero/ Etellekt, 26.06.18) ponen de relieve la debilidad del Estado y la crisis de derechos humanos.

No es casual, entonces, que el 79% de la población rechace la idea de que el PRI permanezca en la presidencia otros seis años. Para el 61%, AMLO representa la mejor opción de cambio; y para el 26%, Ricardo Anaya, de la coalición Por México al Frente (Reforma, 30-05-18).

El PRI olvidó su raíz popular cuando la tecnocracia se hizo con el poder, en el sexenio de Miguel de la Madrid. El PAN, tan pronto obtuvo la presidencia, arrió las banderas contra la corrupción. 


Con la experiencia de tres campañas presidenciales y un discurso social y antisistema, AMLO se convirtió en el catalizador del enfado y la indignación nacionales. La clave de su éxito consistió en denunciar la corrupción y la impunidad, y en su promesa de atacarlas de raíz. ¿Cumplirá?



gerardo.espacio4@gmail.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.