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Sábado , 26.05.2018 / 06:18 Hoy

Capitolio

Cortinas de humo

Gerardo Hernández

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Para Mario Lozoya,

amigo de siempre


Prohibir las corridas de toros en Coahuila no desaparece la fiesta, pues ninguna tradición desaparece por decreto. Mientras la ley se deroga, lo cual sucederá más temprano que tarde, los aficionados, los ganaderos, los empresarios y los trabajadores agraviados por tan arbitraria medida preparan la defensa jurídica de sus derechos humanos, ciudadanos y laborales.

También se organizarán para viajar a plazas donde el toreo y las minorías en general se respetan como en cualquier país libre.

Los aficionados asistirán a cuanta corrida puedan, fuera del estado, como antes de la prohibición ya lo hacían. No porque la fiesta sea exclusiva para adinerados, según el diputado priista Melchor Sánchez, sino porque la aman y la llevan en la sangre. La tauromaquia es un arte; y barbaridades, las que vocifera el peripatético legislador: “Los pobres no van a los toros”. ¿Solo por ser pobres?

Si quienes cuestionan el voto de Sánchez contra las corridas son gente “de lana”, como él mismo lo dijo desde la tribuna del Congreso, es porque el diputado pertenece al círculo, cada vez más reducido, de privilegiados con negocios y con fuero. Los políticos recurren a los pobres solo cuando necesitan su voto o su aplauso; en ambos casos, a cambio de dádivas.

Así de auténtica y congruente es la política, al contrario del toreo.

Los problemas de Coahuila y el país—pobreza, endeudamiento, desigualdad, injusticia, violencia, corrupción, impunidad, devaluación…— exceden el asunto de los toros y frivolidades como las calcetas de un presidente enrevesado e impopular. La prohibición —antidemocrática—y otras distracciones se interpretan como cortinas de humo o venganzas políticas.

Así como no hay fiesta que iguale a las corridas en arte, belleza, dignidad y valor, tampoco existe afición más políticamente incorrecta, leal, solidaria y respetuosa que la de los toros. Quien diga que ayer fue aficionado y hoy ya no lo es porque Plutón dejó de ser planeta o algún motivo semejante, en realidad no era taurófilo, sino un farsante o un simple oportunista.

En política abundan los chaqueteros: un día son azules, otro verdes, rojos o amarillos, según la conveniencia. Ayer incondicionales y hoy traidores. Y quien traiciona una vez, reincide mil veces.


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx

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