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Sábado , 26.05.2018 / 11:15 Hoy

Capitolio

Árbitro en aprietos

Gerardo Hernández

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El Instituto Nacional Electoral afrontará su primera prueba en las antípodas del proceso de 2000 cuando el IFE se acreditó como una institución ciudadana sólida y confiable. Miles de personas celebraron en las calles el triunfo de Vicente Fox y la derrota del PRI, después de gobernarsetenta años el país de manera consecutiva.

Fox se convirtió en la esperanza de millones, pero terminó por decepcionar a todo el mundoe inició el hundimiento del PAN.La presidencia de Ernesto Zedillo resultó clave en la alternancia.

Candidato sustituto tras el asesinato de Luis Donaldo Colosio, entendió el reclamo de la sociedad y de las oposiciones por la descomposición del país, acelerada por la corrupción, los crímenes de alto impacto en el sexenio de Carlos Salinas, el dominio del gobierno sobre los órganos electorales y los vínculos cada vez más evidentes entre el narcotráfico y el poder político.

Sentado ya en la silla del águila, el presidente ofreció mantener una “sana distancia” entre él y su partido, “un nuevo código ético entre los contendientes políticos y una reforma electoral definitiva”. Aunque el IFE se creó en 1990, el secretario de Gobernación encabezó el consejo general hasta 1997.

Con la reforma de Zedillo, el IFE se independizó y José Woldenberg, ex militante de izquierda, asumió la presidencia.En 1997, el PRI perdió por vez primera la mayoría en la Cámara de Diputados y tres años después salió de Los Pinos.

El IFE había pasado el examen. La alternancia llegó por los cauces institucionales. Para evitar sorpresas, Ernesto Zedillo confirmó en cadena nacional la tendencia irreversible a favor de Fox. El candidato del PRI, Francisco Labastida, se resistió, pero al final aceptó su derrota.

Woldenberg terminó su periodo en 2003 y el Congreso nombró en su lugar a Luis Carlos Ugalde, destituido después de las elecciones presidenciales de 2006 por una serie de conflictos y la impugnación del resultado por parte de López Obrador. El IFE jamás recuperó su prestigio.

Tampoco lo tiene el Instituto Nacional Electoral, en funciones desde el 14 de abril, pues los consejeros responden al interés de los partidos y no al de los ciudadanos. Hoy, a la idea de boicotear las votaciones del 7 de junio en varios estados, se suma la violencia política.


gerardo.espacio4@gmail.com/@espacio4mx

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