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Jueves , 21.06.2018 / 06:06 Hoy

La energía de Baker

La leyenda negra petrolera

George Baker

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Desde la expropiación ha circulado tanto en México como en el exterior una leyenda negra petrolera. Antes, Pemex y PMI estuvieron en la mira. Ahora, con la multiplicidad de dependencias en el sector, es probable que vengan nuevas versiones de la leyenda. Como toda leyenda, mucho es falso, calumnia, pero siempre quedan residuos de verdad (algunos tóxicos).

No existe una taxonomía definitiva de la diversidad de las actividades de colores oscuros. Habría que encontrar una clasificación que pudiera ordenar los conceptos de intermediario, coyote, prestanombres, soborno, prebenda y extorsión (la directa como la indirecta). En una categoría aparte está la denuncia anónima.

Requerirá la inteligencia de Aristóteles.

Según una antigua versión de la leyenda, son los contratistas quienes sobornan a algunos funcionarios de Pemex con el fin de entrar en un acuerdo paralelo a un contrato por bienes o servicios que tiene el efecto de acreditar beneficios en efectivo o en especie a los funcionarios. Es notable que el primer juicio de la Ley Anticorrupción, que fue Crawford Enterprises vs. United States, haya tenido que ver con el soborno de funcionarios de Pemex. Dos de estos funcionarios, Jesse Chavarría y Nacho de León, se mudaron a Chile, por donde, hace treinta años, fueron prófugos de la justicia mexicana.

Se recuerda que el director general de Pemex durante 1976-81, la época del boom petrolero, fue el finado Jorge Díaz Serrano, quien pasó cinco años en una habitación sencilla en el Reclusorio Sur por instrucciones presidenciales, y así se pretendió justificar el lema del candidato priista de 1982: “La renovación moral de la sociedad”.

Una versión burocrática de la leyenda se originó con tal pretensión. Fue el 1 de enero de 1983 cuando entró en vigor el código ético del servidor público (LFRSP, “por su sigla en lengua cristiana”). La premisa radical del código fue que todo funcionario es corruptible. Para desanimar y castigar la corrupción, se pensó en la figura del Tribunal del Secular Oficio de la Indagación, mejor conocido como el Órgano Interno de Control (OIC). En su oportunidad, el OIC fue establecido en cada dependencia para vigilar la conducta (tanto acciones como omisiones) de cada servidor público.

La inconveniencia del OIC es que sus funcionarios también son corruptibles, como se vio en 2010-11 en la cacería de brujas en PMI (impulsada, en parte, por denuncias anónimas). El resultado fue el despido de profesionistas de carrera y el debilitamiento de la cultura emprendedora de la empresa, obra de 20 años. (El temor general de una investigación por el OIC suele resultar en la parálisis operativa en cualquier dependencia del gobierno federal. Por el artículo 26 de la Ley de Órganos Reguladores se requiere que el funcionario cuente con póliza de seguro de responsabilidad civil y asistencia legal, así como para defenderse contra inconformidades, acusaciones o abusos de autoridad).

Atrás de la premisa de que todo funcionario es corruptible viene la aplicación engañosa de las fórmulas. “Cero discrecionalidad,” entonó la cabeza del sector días antes de la apertura el 15 de julio de las ofertas en la Ronda Uno. Por desgracia, con esa restricción el resultado, dado por fórmula y no por una apreciación de lo que necesitaba el país, no se dio el mensaje esperado por los mercados de capital, que se deben elevar sus expectativas sobre la producción y exportación del oro negro mexicano. Son tales expectativas las que sirven como pilares del valor de la moneda y de la calificación crediticia del país.

Limitaciones de espacio no nos permiten más que mencionar otra versión que circula en la actualidad: son algunos funcionarios quienes exigen (o ex funcionarios, en su caso, solían exigir) contraprestaciones ilícitas para otorgar o extender contratos, autorizar pagos de facturas o expedir órdenes de servicio. Puede tratarse de prebendas, también en un pacto en que a cambio de un compromiso institucional el contratista se compromete a incorporar un subcontratista designado (con familiares asalariados). Con las nuevas dependencias vendrán nuevos modelos de enriquecimiento ilícito.

Así que la leyenda negra petrolera puede crecer, aun en casas de vidrio transparente.

g.baker@energia.com

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