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Martes , 19.06.2018 / 00:49 Hoy

Columna de Gabriel Torres Espinoza

¿Reducir la representación proporcional?

Gabriel Torres Espinoza

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Fue en 1963, mediante una reforma electoral promovida por el presidente Adolfo López Mateos, que se establece la representación política de las minorías por la vía de la figura de los diputados de partido. La reforma política del 6 de diciembre de 1977 incluyó, en la Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LFOPPE), el principio proporcional de elección en 100 (25 por ciento) de 400 escaños que integraban la totalidad de la Cámara de Diputados.

La representación proporcional sirvió como válvula de escape a minorías intensas que reclamaban su derecho a expresarse en el Congreso. La aparición de escaños proporcionales y su posterior aumento a 200 constituyó una medida que garantizó una suerte de pluralismo simulado, muy a pesar de que el sistema de partido hegemónico no transitaba realmente a un sistema competitivo donde la alternancia fuera tangible. La representación proporcional funcionó para lo que en 1977 fue concebida: para disminuir la presión social sobre la elaboración de reglas electorales y prácticas políticas más democráticas. Es así que cuando aumentaba la presión por estos reclamos, aumentó el número de escaños proporcionales, e incluso, se introdujo la proporcionalidad en el Senado.

Hoy conviene preguntarse ¿Es la representación proporcional representativa? Y entonces, ¿a quién representa? ¿Es posible que un candidato a diputado de representación proporcional que ocupa el primer lugar de la lista de su partido pueda ser sancionado por el elector para que no logre la curul, sin que el partido pierda el registro? Si los diputados de representación proporcional se deben a un porcentaje de votos logrado por los candidatos de mayoría de su partido, ¿de quién es la diputación proporcional, del candidato o del partido? Y luego entonces, ¿es conveniente que tengan la posibilidad de renunciar o cambiar de partido conservando la curul?

La representación proporcional, tal y como está prevista hoy en México, representa más una cuota de poder de las oligarquías partidistas que propiamente la representación de minorías. Aunque visto esto técnicamente, las oligarquías (círculos de poder al interior del los partidos) son en efecto una minoría al interior de los partidos. México sostiene un sistema de representación proporcional, con listas cerradas y bloqueadas que son el botín de los círculos de los partidos y que poco o nada tienen que ver con la representación política (hacer presente a alguien o algo que no lo está) que se desprenda de una relación clara entre representante y representados.

gabtorre@hotmail.com

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