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Miércoles , 19.09.2018 / 10:52 Hoy

Columna de Gabriel Torres Espinoza

Pedro Kumamoto, ¿puede ser gobernador?

Gabriel Torres Espinoza

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Pedro Kumamoto sorprendió cuando ganó la diputación del distrito 10 en Zapopan. Un análisis lleno de lugares comunes dijo que fue porque “la gente está cansada de los partidos políticos”. Pero de los 118 candidatos independientes registrados en el pasado proceso electoral 2014-2015, que aspiraban a cargos tanto locales como federales, sólo seis ganaron. Dicho de otra manera, apenas el cinco por ciento de los candidatos registrados como independientes tuvieron éxito. Incluso, de los seis candidatos independientes que resultaron vencedores en las urnas, cinco de ellos ya habían formado parte de un partido político. Pedro Kumamoto fue el único que no había militado en un partido.

En las encuestas publicadas por **Mural, Kumamoto aparece con excelente aceptación en Zapopan, de cara al 2018. El joven diputado no cuenta con un sindicato, partido político u organización que promueva con recursos su participación pública. Así que con nada más que su nombre, y la congruencia que mantiene (no exenta de algunas novatadas), a la pregunta de ¿quién le gustaría que fuera presidente municipal de Zapopan en el próximo periodo?, el legislador independiente obtiene ya (en apenas un año) 15 puntos porcentuales sobre su competidor inmediato. Pedro no tiene dinero ni partido (ni afiliado, ni que lo apoye), pero ha construido un nombre, a partir de su independencia.

Hay un activo indescifrable para los políticos tradicionales, que lejos de comprender el caso Kumamoto, lo describen como “fenómeno”, “suerte” o “moda”. Les resulta inconcebible que sin acarreo, que sin el apoyo de mecenas empresarios y con apenas unos miles de pesos, este ex dirigente estudiantil, egresado de universidad privada, goce hoy de tan robusto capital político. Por esa razón recibe todo tipo de descalificaciones. Su caso desata la rabia de quienes se ven desplazados por fórmulas diferentes de participación política que no acuden a los esquemas del clientelismo electoral, del corporativismo, o de las alianzas con grupos de poder. Será más fácil mitificarlo, que explicarlo. Pero la confianza que genera este joven, que no recibe dinero para solicitar el voto (no regala despensas, ni láminas, ni cemento), está directamente vinculada a su congruencia e independencia. Ese activo tan extraño de encontrar, es tan simple como eso ¿Cómo imaginar la participación política sin ataduras, sin recibir dinero de dudosa procedencia, sin sangrar el erario o absteniéndose de usar las dependencias públicas, sus programas y beneficios para conseguir los votos?

Pedro demuestra que es un político pobre… pero está lejos de ser un pobre político. En apenas un año, sin negocios, moches, grupos empresariales, o millones de pesos de “inversión publicitaria”, ya es opulento en capital social y electoral. ¿La fórmula? Cultiva la confianza de los que lo eligieron y la desarrolla. Es congruente con sus posturas y sigue una fórmula que hace temblar a quienes sólo entienden la política tradicional basada en hombres del dinero, alianzas de poder y nóminas de gobierno.

Kumamoto está bien evaluado en Zapopan, pero si lo midieran para Guadalajara, también resultaría en posibilidades de competir. Incluso, Pedro podría competir para el gobierno de Jalisco (para 2018 o 2024), con ese actuar basado en la independencia, que le genera a su vez la confianza. Un activo que ya no se observa en otros. No es que el legislador independiente retrate guapo, tampoco tiene oficio político ni es estridente o retador. No viene de las cúpulas empresariales, no tiene a millonarios constructores financiándole campañas y, menos aún, dispone organizaciones corporativas y clientelares que lo respalden y maniaten… Su activo es muy modesto, y por simple y escueto, incomprensible para quienes se formaron en la política tradicional -los que militan en partidos, y aquellos que ya pasaron por todos-. El activo de Pedro Kumamoto es que representa una forma realmente diferente de hacer política, libre, que no tiene más explicación que eso. Una ajena a los antivalores del poder que insultan al ciudadano. Discorde a la de los políticos encumbrados, estridentes, soberbios, incapaces de aceptar errores, cómplices, agachones con el empresariado corrupto y obsesionados con el poder… con recursos públicos que promueva su propia imagen.

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