• Regístrate
Estás leyendo: Las falacias de lo “políticamente correcto”
Comparte esta noticia
Miércoles , 12.12.2018 / 17:39 Hoy

Columna de Gabriel Torres Espinoza

Las falacias de lo “políticamente correcto”

Gabriel Torres Espinoza

Publicidad
Publicidad

En no pocas ocasiones los medios de comunicación incurren en una suerte de autocensura. Para competir por la nota falaz de lo “políticamente correcto”, se abandona el ejercicio crítico del periodismo. Se deja de pensar en lo que se consigna, a todas luces, absurda y contradictoria. Avanza, en semanas y meses, una progresiva imposición de una arenga hueca, carente de la más elemental lógica democrática. Pero a fuerza de repetir la misma insensatez, se traduce el discurso propagandista en una reseña periodística, absolutamente acrítica, como mero boletín oficial de resultados.

El progresivo avance inducido de lo “políticamente correcto”, dictado desde los gobiernos a fuerza mucha propaganda, es, en principio, la tácita derrota en el debate de sus adversarios, que no saben articular un razonamiento crítico. La imposición de lo “políticamente correcto” resultó un método efectivo para que se asuma una falacia “ad hominem”: Una clase de discurso que, por su ausencia de contenido, no sería capaz de sostenerse ante un razonamiento. Consiste en dar por sentada la falsedad de una afirmación, al usar como argumento que lo convocan, organizan, califican y acreditan los mismos gobiernos. Las falacias discursivas están hoy de moda. Se apoyan, mediante un maniqueísmo embustero, en conceptos robustos de la teoría democrática, como la ciudadanía, participación, el voto y la aceptación. El punto es que las falacias discursivas llegan a tener un alto poder de convencimiento, porque hablan de lo “políticamente correcto”.

Esta imposición discursiva de falacias “ad hominem”, a través de los ‘billetazos’ de la propaganda, nos lleva al empobrecimiento progresivo del debate político democrático, al demeritar el entendimiento de las instituciones electorales, del principio de separación de poderes, de la autonomía de los gobiernos, del necesario rol de los partidos en las democracias, de los auténticos mecanismos de democracia directa y de participación ciudadana, de la rendición de cuentas y la equidad en la competencia política. Las falacias de lo “políticamente correcto” han logrado deformar el debate público para relegar la necesaria preocupación de los ciudadanos por mejores indicadores de gobierno en seguridad, corrupción, servicios básicos, transporte público, vialidades... En suma, en calidad de vida.

Acudimos, así, a debatir amordazados por lo “políticamente correcto”. Descalificación, de entrada, para quien piense diferente; debe ser porque son anti demócratas, opositores a la participación ciudadana, autoritarios… Como afirma Pablo Ferreyros en ‘Tribulaciones Metapolíticas’: Lo políticamente correcto finalmente no es una forma sincera de pensar o algo en lo que verdaderamente se cree, sino un medio para imponer soslayadamente y sin argumentos válidos, métodos únicos absurdos o ideologías incuestionables.

gabtorre@hotmail.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.