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Domingo , 27.05.2018 / 15:01 Hoy

Columna de Gabriel Torres Espinoza

Lanzan el conjuro, y se asustan del resultado…

Gabriel Torres Espinoza

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Que el PRI perdiera la elección en Guadalajara fue siempre el escenario más probable. Lo fue así, porque desde la pasada elección, Enrique Alfaro había ganado en la boleta para gobernador una amplia mayoría en la Zona Metropolitana de Guadalajara –ZMG-. Aunque entonces Aristóteles se mantuvo a la cabeza de todas, absolutamente todas las encuestas publicadas durante la competencia para Gobernador, el día de la elección fue superado en la ciudad que gobernó. Sin embargo, básicamente el voto rural logró hacer la diferencia, junto con los votos del PVEM, para la ventaja que el tricolor sumó al final para hacerse del Poder Ejecutivo.

Por aquella época, Peña Nieto era un activo en la elección, sumado con esa enorme popularidad que sostenía Aristóteles después de haber gobernado la capital del Estado, de dónde salieron para ser gobernadores Francisco Ramírez Acuña y Emilio González Márquez. Los mismos que hace dos años y medio fueron responsables de la estrategia electoral en la Zona Metropolitana de Guadalajara –y derrotados-, fueron los que hoy el gobernador empoderó para un nuevo experimento. Uno que, aseguraban, daría resultados a partir de agencias de publicidad y campaña de contraste.

Así que anclaron toda la campaña para la ZMG, en la capital, concentrando la mayor parte de recursos, operadores y publicidad electrónica en la competencia en donde el PRI presentaba el candidato más endeble y, la oposición, a su candidato más robusto. La apuesta fue en contra del sentido común, bajo esa lógica de que “si postulo un olote, un olote gana”. Si al campeón de la popularidad –Aristóteles- le habían puesto un ojo morado en la competencia por la ZMG hace tres años, ¿por qué no habría de pasar hoy lo mismo, corregido y aumentado con Villanueva, que evidentemente no sumaba ni la mitad de los activos con los que Aristóteles contó dentro del PRI?

Después de que el PRI derrotó a Alfaro, en la elección a gobernador, no pudo surgir otro activo con el potencial electoral que en su momento tuvo Aristóteles. Erróneamente el PRI apostó por la fabricación en laboratorio de un liderazgo que no se había construido en el gobierno, ni en el partido. Además centraron todo su esfuerzo y atención en esa elección cuesta arriba, descuidando lo que el PRI pudo haber mantenido. El efecto arrastre de Alfaro en ZMG se mezcló con el efecto arrastre a la baja del candidato del PRI en Guadalajara; que por la diferencia de votos en esta elección municipal, resulta innegable. Una apuesta contra toda lógica, que terminó con resultados muy lógicos. Pasó como con el aprendiz de brujo: lanzan el conjuro, y se asustan del resultado.

gabtorre@hotmail.com

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