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Semillas de conciencia

Reencuentro con tu grandeza

Gabriel Rubio Badillo

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Asómate al cielo en una noche estrellada. Trata de contar los luceros. Entre tanta grandeza y majestuosidad, ¿podrías imaginarte a un Dios mezquino o cuenta chiles? Asómate a la profundidad del mar. Intenta contar la variedad de especies que lo habitan. ¿Podrías en ello ver la mano de un Dios actuando con medias tazas? ¿Ves pobreza en alguna parte? No. La carencia es un invento humano. Sumérgete en la vida maravillosa y minúscula del interior de un átomo. ¿Podrías explicar tanta perfección?
Y si volteas hacia las descomunales galaxias, tu mente quedaría sofocada ante tan infinita grandeza y precisión. Podrías viajar a la velocidad de la luz el resto de tu vida y no lograrías cruzar ni la mitad de la distancia de ninguna de ellas. Muchas de las estrellas que vemos, ya ni siquiera existen; están tan lejos que su luz aún sigue viajando después de extintas. Ahora piensa en eso que llamas “tus problemas”. ¿Se siguen viendo igual?
Sin duda, estamos rodeados y habitados de maravillas. En el concierto divino no existe la enfermedad ni la pobreza. La pregunta más importante es: ¿Te has dado cuenta de que tú eres parte de esa grandeza...? ¿Que cada mañana que despiertas y tus ojos descubren el mundo de nuevo, el milagro se ha producido? ¿Te has preguntado lo importante que eres para ese Dios que ha decidido incluirte en su plan para este día? ¿Aún podrías seguir creyendo que no mereces ser feliz y que estás condenado a vivir con limitaciones? En el Don del Libre Albedrío que te fue dado, se incluye la posibilidad de que decidas recuperar tu Verdadera Herencia: El Reencuentro con tu Propia Grandeza. Porque nada es nunca una casualidad. En medio de esa grandeza, de esa inmensidad del universo, Dios pensó en ti. Te piensa a diario. Y eso es un milagro .

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