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Lunes , 18.06.2018 / 01:34 Hoy

Semillas de conciencia

Reencontrarnos

Gabriel Rubio Badillo

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Me encantaría hallar una luz. Que me enseñara el sendero de regreso. Que me permitiera encontrarte a ti a mitad del camino y mirarte salir detrás de tus ojos. Quisiera ir a buscarte; encontrar la línea exacta donde ya no te vi. Quizá en esa búsqueda me hallaría a mí mismo, recordaría quién soy.

Me encantaría saber a dónde se fue el sol. Dónde se escondió detrás de tus pupilas. Quisiera ir adonde el tiempo grabó nuestras risas. No sé en qué momento dejamos de escucharlas. De sentirlas. Quisiera encontrarte a mitad del camino. Cruzar el bosque de los fantasmas. Traer de regreso tu alma ausente. Y quizá hallaría la mía. La regresaría a mi cuerpo. La haría encender la risa. Prender la luz. Subirme al tren.

Por que en algún lugar, debajo de alguna piedra, en el tronco hueco de algún árbol, se esconden las almas asustadas. En alguna cañada, los ecos de las risas, aún dan testimonio de cómo es ser feliz. Me asomaría en ese pozo, donde las lágrimas se secaron; donde las súplicas se rindieron. Quisiera hallarte a mitad del camino, y llevar las manos a perseguir mariposas, a jugar con la arena, a perder el tiempo en el agua, a dejar que las miradas hablaran.

Veríamos la silueta de los niños que éramos, recortada contra el horizonte. Persiguiendo a las gaviotas, jugando a tentar el viento, sacándole deseos imposibles a una botella arrastrada por el mar. Serías tú y sería yo. De vuelta al jardín de la inocencia, sin los monstruos ficticios, sin el miedo comiéndonos el corazón. Un abrazo, una mirada, una sonrisa serían solo eso. Cada palabra tendría solo un sentido; el pronunciado. Cada silencio, sería porque las miradas estarían hablando, y no por que los duendes del desdén nos enmudecieran.

Me encantaría hallarte a mitad del camino, sin persecuciones, guiados por la brújula del encuentro, por la aguja magnética del corazón. Detrás de las máscaras, sin el peso engorroso del disfraz, sin el cobre pulido de las armaduras, sin infierno. Allá donde aquellos niños se deformaron. Donde el ser sucumbió al parecer. Donde los cascabeles se callaron y la pirotecnia se fue mojando.

Pero a veces siento que te perdí de vista. Que ya no eres. Que ya no estás. Y que en el afán de encontrarte me fui perdiendo. Que olvidamos quiénes somos y a donde pertenecemos. En la loca carrera por devolverte al sendero ya no supe donde me aparté del mismo. Anhelo una luz. Una voz. Una señal. Una palabra tuya. El brillo de vuelta de tus ojos. Tu mano agitando el viento que me guíe a tus pasos, una sola palabra tuya para hallarme y para hallarte... Para encontrarte a mitad del camino.

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