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Semillas de conciencia

Hijos sin rumbo

Gabriel Rubio Badillo

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Las vacaciones de verano suelen poner a la luz el despropósito de muchos adolescentes; sus padres no encuentran qué hacer con ellos. Pareciera que solo se tratase de mantenerlos ocupados. Usan la escuela como guardería, y no con fines formativos. Para tranquilidad de algunos padres, y angustia de otros, la vida de muchos adolescentes, se reduce a masacrar las horas en videojuegos, o mirando cualquier cosa que embote la mente y los sentidos. Reaccionan con ira y reclamos sobre sus hijos, ante el desperdicio que hacen de su tiempo. Y su cólera no permite la toma de conciencia sobre su responsabilidad parental, en la autoría de ese despropósito que es la vida de sus vástagos.

Nos eriza la piel el observar la indiferencia con que los chicos se toman la vida; su día a día se resume en: cama-televisión-comida-celular. “Vida inútil” definía la madre de una paciente, de 13 años. Pero poca conciencia hemos tomado de las causas; del hasta dónde participamos durante su crianza en la ausencia del diseño de un proyecto de vida para ellos. ¿Hasta dónde esas vidas vacías nos estarán reflejando a nosotros mismos? ¿Será más fácil creer que esta generación comenzó a perderse de manera espontánea? ¿Que nacieron así?

Aislados entre sus audífonos, estos jóvenes le bajan la cortina al mundo; desdeñan las conversaciones de sus padres y sus hermanos. Pareciera que nada interesante hay en ellas. Su círculo de intereses es egocéntrico y desvinculado. En un tiempo nos quejábamos de que pasaban demasiadas horas con sus amigos; hoy estamos preocupados por la ausencia de estos. Los amigos se volvieron virtuales. Y las redes sociales han sustituido la popularidad real de la interacción con otros, por récords electrónicos.

Un primer paso para salir de las preocupaciones hacia las acciones, consiste en mirarse en un espejo y preguntarse si su vacío es nuestro vacío. Si la vida sin rumbo de estos jóvenes, está reflejando nuestro abandono del timón, la carencia de brújula.

La cada vez más frecuente sensación, de que la vida es algo que se está yendo muy rápido y no estamos haciendo lo que realmente queríamos, está profundamente relacionada con el curso errático de la juventud moderna.

Retornar a la esencia de lo que somos y soñamos, priorizar las relaciones y los vínculos sobre las metas individuales, muchas veces huecas e insaboras... El diario ejercicio de recordar quiénes somos y hacia dónde vamos, y ello en compañía de nuestros hijos, son las acciones congruentes para dejar de conformar una sociedad vacía. Pero antes, necesitamos no tener casas vacías ni vidas vacías.

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