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Martes , 14.08.2018 / 23:29 Hoy

Semillas de conciencia

Entre la fe y el temor

Gabriel Rubio Badillo

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Cuando pides a Dios por cosas que necesitas a diario, estás instalado en el temor. Suponer que el Padre Supremo requiere que le recuerdes esas cosas es no conocer a Dios. Pedir por cosas materiales revela eldesconocimiento de la Verdad. La ignorancia del propósito de la existencia. Pedir desde la Fe, implica fundamentalmente una sola oración y una sola razón y pelearía: solicitar al Padre ser un instrumento idóneo en sus manos.

La Fe auténtica no tiene espacio para la preocupación. Decir que crees en el Poder Superior mientras le recuerdas tus necesidades básicas, es una contradicción. En esencia la gente no duda de Dios. Conocemos pocos ateos. De hecho. La gente de lo que duda es de ser merecedores de la mirada del Ser Supremo. Lo cual también es un desconocimiento de la naturaleza de su esencia: el amor. El dar. La bondad absoluta.

Orar desde el amor implica entender que nuestras necesidades son satisfechas desde la Providencia: la faceta de la personalidad del Padre que sostiene y da secuencia a lo creado. La Providencia es elFlujo que encauza a la Vida. Es el cauce del río de la Existencia. La garantía que otorga la vida para seguir en ella.

Algunos se preguntarán ¿entonces cómo existe el hambre? ¿Acaso la Providencia no opera para quienes mueren en la desgracia?

Si nosotros oramos para pedir por el sustento, ¿quienes mueren de hambre es porque no oraban lo suficiente? ¿Dios tiene consentidos acaso? ¿Y los niños? ¿Los que no tienen ni idea del porqué mueren?

Son las clásicas dudas humanas. Muy justas y lógicas. Pero pasan por alto un pequeño detalle: Dios no es humano. No piensa ni opera como tal. Todo intento por explicar la dinámica del universo es una pretensión absurda.

La vida y la muerte no podrían ser en realidad como nuestra mente las concibe. Una visón proveniente de una mente limitada sería por ende insuficiente para comprender al universo. Pero ello no desacredita la bondad del Ser Supremo. El hambre y la injusticia son asuntos humanos. Creados por humanos. Resolverlos no estarea de la Divinidad. Arreglar lo que el hombre desarregló no es una función del Espíritu. Somos un planeta lleno de recursos. De abundancia. Distribuir esos dones entre sus habitantes no necesita de intervención Divina.No necesitamos milagros. Nosotros mismos ya lo somos. Despertar es el primero de ellos y se repite a diario. Orar desde desde la Fe es decirle al Padre de nuestro deseo de ser algo que mejore el mundo. Convertirnos en un colaborador consciente de la Gran Obra. Pedirle ser el instrumento idóneo para hacer la parte que nos toca.

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