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Lunes , 15.10.2018 / 05:56 Hoy

Semillas de conciencia

El Mensaje Olvidado

Gabriel Rubio Badillo

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En algún momento cuando nos desprendimos de la Conciencia Suprema, la esencia de nuestra Herencia Divina quedó fuera del alcance de nuestra propia conciencia. Empezamos la vida terrena y concreta y con ello un enorme viaje de retorno al origen. ¿Porqué una Entidad Perfecta y Absoluta habría de dividirse en tantos fragmentos? ¿Para qué habría de necesitarnos? A la mente limitada de las entidades humanas nos es difícil entender que no exista otra razón más que el Amor. El Amor de Darse. No es difícil intuir que esa es la naturaleza última de la Deidad: Dar. Volcarse. Entregarse. Vaciarse. Imbuirlo todo. Por amor. Lo que se ha vuelto también difícil, es recordar que esa naturaleza de Darse, es también intrínsecamente nuestra. Esto es la vida; un camino de vuelta a la Gran Casa. Somos almas peregrinas cuya tarea es despertar conciencia para que el amor pueda regirlo todo. Recordarles a otras almas que son poseedoras de la misma heredad. Que vivir en hermandad es la única Voluntad Superior.
Hoy la humanidad atraviesa una larga noche. Una densa oscuridad. Se nos está olvidando vivir el Mensaje y enseñarlo. Pasamos de largo sin voltear a mirar a las almas atoradas en el camino. A las que se extraviaron aunque solo sea temporalmente. Viajamos desaforados sin saber a donde. Somos la rata en el cilindro. Que no va a ningún lado pero sigue corriendo. La vida, cuando la indiferencia nos consume, definitivamente es un tiempo perdido. Hay una sola señal de que nuestros pasos van el el rumbo correcto: detenerte a ayudar a otros. A veces es cargarlos en hombros. Otras bastan unas palabras. Una señal, un abrazo, un gesto. Tiempo para dar. Y justo ese suele ser nuestro gran derrumbe como humanos: decimos no tener tiempo. Creemos que la vida se nos está yendo. Que va muy rápido. Que a los días les faltan horas y no es cierto. Somos nosotros los que aceleramos el paso, pero el problema es que no sabemos a donde nos dirige.
Somos Mensajeros. Con una gran tarea: revelar a la humanidad la Voluntad del Padre; que el amor es la Fuerza Primaria, la Razón Última. Y se ejerce en el Servicio a los otros. “Lo que haces con el más pequeño de mis hijos, a mí me lo haces”.

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