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Paideia política

Programas sociales y campañas electorales

Gabriel Corona

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El pasado 17 de mayo la Legislatura del Estado de México aprobó que 47 programas sociales permanezcan durante la veda electoral, a pesar de que el artículo 261 del Código comicial local prohíbe que autoridades y legisladores locales, durante los 30 días anteriores a la jornada electoral, entreguen "materiales, alimentos o cualquier elemento que forme parte de sus programas asistenciales o de promoción y desarrollo social".

La única excepción que señala es para casos de extrema urgencia debido a enfermedades, desastres naturales, siniestros o eventos de igual naturaleza.

A pesar de la claridad de esta prohibición, nuevamente la fracción priista se impuso por mayoría de 43 a 21, en una sesión donde estuvieron ausentes 11 diputados, a pesar de la trascendencia del tema.

No es la primera vez que esto ocurre. Apenas el año pasado el PRI hizo lo mismo, incluso con 69 programas sociales, que por supuesto algún impacto tuvieron en la elección de gobernador del estado.

La medida tiene un claro carácter clientelar. Al revisar la lista de los 47 programas es fácil darse cuenta de que ninguno entra en el supuesto de extrema urgencia.

Esto se hace casi al mismo tiempo que la Sedesol federal anunció que 62, de 125 municipios, forman parte de la Cruzada contra el Hambre y que, por lo tanto, recibirán gran cantidad de recursos para la gente de escasos recursos, motivo suficiente para sospechar que se les dará un uso electoral, tal como ocurrió en 2017, cuando los municipios más pobres tuvieron las cifras de participación electoral más altas y el PRI más votos.

Las dos noticias son preocupantes.

Todo parece indicar que otra vez habrá una combinación de recursos federales y estatales para comprar y coaccionar el voto, en una entidad que ya vivió esa experiencia en 2017.

Al respecto, el candidato presidencial del PRI, José Antonio Meade, ha dicho, una y otra vez, que lo vivido en suelo mexiquense le servirá de modelo para todo el país.

De alguna forma, el caso del estado de México se está replicando ya en otros entidades, donde también han creado el Salario Rosa, instrumento a través del cual se ha comprometido el voto de miles de amas de casa en todo el país, a cambio de un ingreso mensual para muchas madres de familia.

Hay que estar atentos para que esto no ocurra.

El voto tiene que recuperar su sentido original: ser la expresión auténtica de la voluntad del elector y no del poder del dinero, sea este público o privado.

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