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Jueves , 20.09.2018 / 08:18 Hoy

Paideia política

Nieto, Meade y el PRI hacia 2018

Gabriel Corona

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Lo que el presidente de la República ha llamado la liturgia de su partido para designar a su candidato presidencial, ha concluido.

Después de muchas especulaciones en torno al nombre del posible sucesor de Enrique Peña, éste ha optado por su secretario de Hacienda y Crédito Público:

José Antonio Meade Kuribreña, un personaje sin partido, aunque por su trayectoria profesional claramente vinculado al PAN de Felipe Calderón y al PRI de Peña Nieto, a los que ha servido cinco veces como secretario de Estado.

La noticia no es menor.

Se trata del primer aspirante de ese partido que no es militante, sino solo simpatizante, lo cual puede generarle un cierto distanciamiento con un sector del priismo, al que formalmente representará en las elecciones presidenciales de 2018.

La intención parece clara para todos: captar el voto priista, pero también el de otros sectores del electorado que no se sientan identificados con los candidatos que surjan del PAN, PRD o del Frente Ciudadano.

El escenario es complejo para el PRI, que aparece como el partido que concentra el rechazo de la mayoría del electorado.

Eso dicen las encuestas cuando le preguntan a la gente por cuál partido nunca votaría.

Sin embargo, Peña Nieto y Meade parecen confiados en que ganarán. El primero ha dicho en diversas reuniones que si algo sabe hacer es ganar elecciones; el segundo ha declarado, en sus primeras entrevistas, que está absolutamente seguro de ganar.

¿Cómo pueden ambos hacer afirmaciones de esta naturaleza?

Las declaraciones de Peña Nieto lo convierten más en un jefe de su partido que en un jefe de Estado; las de Meade lo presentan como un desconocedor de la dinámica política del país, donde la competencia electoral ha crecido de tal forma en los últimos años que nos posible anticipar la victoria ni la derrota de nadie, y menos con tanto tiempo de antelación.

Pero el problema de fondo es la tentación presidencial de intervenir nuevamente en las elecciones federales, tal como se hacía antes en todo el país.

Cuando Peña Nieto dice que sabe ganar elecciones, en realidad se refiere a que sabe como intervenir en los comicios, volcando a la administración pública federal y local para torcer la voluntad popular, disfrazándola de reparto de beneficios de programas sociales.

Todo parece indicar que esa será la ruta que seguirá el PRI para enfrentar a sus opositores en las elecciones de 2018.

LC

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