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Lunes , 16.07.2018 / 04:42 Hoy

Paideia política

Meade y la operación mexiquense recargada

Gabriel Corona

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La hipótesis que muchos analistas plantearon después de la elección para gobernador del Estado de México, en 2017, es creíble.

El PRI actuará en los comicios de 2018 como lo hizo en la entidad gobernada por Del Mazo.

Así lo ha dicho el precandidato presidencial priista el fin de semana pasado. Arropado por personajes de la política nacional y local, llamó a los militantes del PRI a repetir el esquema que se aplicó en los comicios mexiquenses; a trabajar "fuerte y con todo".

Hay que recordar que los comicios para gobernador del estado se basaron en un esquema con las siguientes características:

Intervención directa de los ejecutivos federal y local, a través incluso de sus secretarios de Estado o de gabinete; uso clientelar de los programas sociales federales y locales; compra y coacción del voto de los electores más vulnerables; sometimiento de las autoridades y tribunales electorales de todos los niveles y un largo etcétera.

Pero eso no fue todo, la entidad mexiquense vivió en 2017 otro tipo de prácticas negativas que hicieron de esa elección algo similar a los comicios de la época en que eran organizados por el propio gobierno.

Además, hubo un ingrediente adicional: una campaña parecida al terrorismo electoral, con llamadas proselitistas nocturnas a electores, que eran contraproducente para quien supuestamente las realizaba; amenazas a representantes y militantes opositores al partido gobernante, dejar cruces y cabezas de cerdo en algunos domicilios, además de entregar falsos citatorios de la FEPADE y de la fiscalía local.

Si este esquema es el que se piensa repetir en las elecciones federales y locales de 2018, el país ya puede irse preparando para enfrentar un conflicto post electoral de grandes dimensiones.

Es obvio que la elección del gobernador del Estado de México dejó abierta una herida que no ha cicatrizado y que la repetición de las prácticas aplicadas en 2017 podría generar grandes tensiones políticas, las cuales pueden desbordar los márgenes del sistema.

La declaración de Meade se suma a la que Peña Nieto ha dicho una y otra vez: que no ha leído muchos libros, pero si algo sabe es ganar elecciones, reconociendo su papel como jefe del partido que no dirige él, sino Enrique Ochoa, formalmente.

Con estos antecedentes, México está en la antesala de unos comicios que pueden ser un retroceso más en el avance democrático logrado con tanto esfuerzo y sacrificios por muchas generaciones de mexicanos.

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