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Domingo , 22.07.2018 / 12:18 Hoy

Paideia política

Inseguridad y violencia: fracaso del Estado mexicano

Gabriel Corona

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En los últimos años hemos sido testigos, con mucha preocupación, del incremento alarmante de la inseguridad y la violencia en México.

Cada día resulta más evidente el déficit de nuestro país en materia de seguridad. Esta realidad se refleja incluso en las cifras oficiales.

El Sistema Nacional de Seguridad Pública revela que el pasado mes fue el más violento de los últimos veinte años: 2, 371 homicidios dolosos en octubre, para acumular 20, 878 desde enero de 2017; la cifra más alta desde 2012.

Tres hechos de los últimos días reflejan el fracaso del Estado en este campo:

La muerte no esclarecida de un directivo de Televisa, Adolfo Lagos, en el Edo. de México; la ejecución de Silvestre de la Toba, presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Baja California Sur y el asesinato de Santiago Cruz Baena, presidente municipal electo de Hidalgotitlán, Veracruz.

Estas muertes llaman la atención por su ocurrencia en días muy próximos, pero también porque exhiben trágicamente la realidad mexicana en la materia.

A estos tres casos podrían sumarse muchos más que ocurren diariamente en nuestro país y en nuestra entidad. Se han convertido en parte de la vida cotidiana, a tal grado que parte de la ciudadanía ha perdido la capacidad de asombro.

Independientemente de las causas de tales muertes, lo cierto es que una vez más hacen notoria la incapacidad del Estado para proteger la vida de sus ciudadanos y la impunidad con la que actúan los grupos delictivos para cometer sus crímenes:

Saben que la mayoría de esos delitos no se castigarán; que formarán parte de ese inmenso porcentaje que nunca se esclarecerá.

Han pasado casi cinco años desde que Enrique Peña asumió la presidencia de la República.

Entre sus compromisos destacó el combate a la inseguridad. Con cifras oficiales se puede afirmar que lo incumplió. Seguimos siendo un país inseguro y violento al extremo:

Uno de los más peligrosos para vivir, donde la penetración de los grupos delictivos ha llegado hasta las corporaciones policiacas encargadas de protegernos.

México no puede seguir así.

Viviendo con miedo de salir a las calles, de subir al transporte público, de ir a trabajar o a pasear.

Se requiere que el Estado cumpla con la función irrenunciable de garantizar seguridad a todos los ciudadanos mexicanos.

Esa es la principal razón de su existencia. Tiene que justificarla todos los días con hechos concretos.

No valen de nada los pretextos.

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