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Paideia política

Aeropuerto, negocios, elecciones y campañas presidenciales

Gabriel Corona

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Generalmente los negocios en México han sido realizados por personas cercanas al poder. Así fue desde el porfiriato con los hacendados y después con los científicos.

En la época de Obregón-Calles y los sucesivos gobiernos los negocios los hicieron miembros de la familia revolucionaria, especialmente en el sexenio de Alemán, donde la combinación con la política fue casi condición necesaria.

Recientemente, en los gobiernos de De la Madrid y Salinas, esos negocios crecieron con la venta de empresas paraestatales y con la entrada en vigor del TLC .

Este mismo fenómeno se replicó en el estado de México.

El mejor ejemplo de este tipo fue el ex gobernador Hank González, quien dejó el criticable legado de que "un político pobre es un pobre político".

La lección para la clase política mexiquense fue que antes de hacer política había que enriquecerse, o peor aún, hacerlo al mismo tiempo que se hacía política.

Esta revisión histórica se hace porque el debate en torno a la conveniencia o no de hacer el aeropuerto en Texcoco ha sacado a relucir las razones económicas por las que se quiere construir en nuestro estado y no en Hidalgo, por ejemplo.

Cuando se ve la lista de los principales contratistas y beneficiarios económicos se entiende que los negocios siguen haciéndose desde los cargos públicos. Ahí está Juan Armando Hinojosa, el contratista favorito de Peña Nieto, o Carlos Hank Rhon, heredero del emporio económico de uno de los hombres clave del grupo Atlacomulco.

La nueva obra se ha convertido en uno de los temas más importantes en el periodo de intercampañas y es muy probable que lo sea en las campañas presidenciales, porque la continuidad o no de su construcción tiene que ver con las formas de hacer política y negocios en nuestro país: al amparo del poder.

No es casual que este tópico haya generado tantas declaraciones de los contendientes por la presidencia, especialmente entre los candidatos del PRI y de Morena.

Además, aparte del aeropuerto está en juego otro gran negocio derivado del primero, llamado Aerotópolis, que representa una inversión mucho mayor que el primero y que puede convertirse en un negocio similar a las autopistas y segundos pisos hechos por la empresa española OHL, acusada de desviar dinero a la campaña electoral de Alfredo del Mazo, por ejemplo.

Ya no se puede tolerar que sigan haciéndose negocios que solo benefician a políticos y empresarios, sin ningún beneficio social.

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