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Sábado , 21.07.2018 / 15:09 Hoy

Paideia

¿Y la autonomía escolar?

Gabriel Castillo Domínguez

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Está por concluir el ciclo escolar. Si nos preguntamos qué tanto avanzó en este año la implementación de la reforma educativa, la respuesta no será sencilla.

Aparte del asunto de la evaluación a los maestros, ¿cuáles otros aspectos pedagógicos han sido tema de discusión o atendidos adecuadamente por las autoridades? ¿Qué tan pertinente ha resultado, en la práctica, la vuelta al centralismo en materia de decisiones en el ámbito educativo? Este cuestionamiento da la pauta para abordar un asunto ya planteado antes: definir cuál debe ser el lugar del cambio educativo, si el aula, la escuela o el sistema.

Estudios recientes señalan que la escuela, pero dentro de un sistema que posibilite la iniciativa y la creatividad pedagógica de maestros y directivos.

El sistema educativo durante años operó bajo un régimen centralista, vertical en la toma de decisiones y de acuerdo con una lógica de subordinación de las instancias estatales, regionales y, desde luego, de las escuelas. Ello generó lo que se conoció como “impedimentos a la creatividad pedagógica”.

Posteriormente, al surgir otros paradigmas en el mundo, se habló de impulsar políticas de descentralización que arrancaron en 1992, con la idea de abrir o ampliar las oportunidades de “autorregulación” de las escuelas en las entidades.

Ese nuevo modelo de organización del sistema educativo terminó por convertirse en un nuevo centralismo, ahora trasladado a los estados y regiones del país. Se mantuvieron los impedimentos a la creatividad en lo pedagógico.

Ahora el gobierno se enfrenta a una contradicción: por una parte, propone impulsar la autonomía de gestión de las escuelas y, por otra, ha decidido acabar con la simulación de la política descentralizadora y abiertamente ha regresado al centralismo pero con un sesgo autoritario.

Al parecer hay resistencia de las autoridades a que se promueva la autonomía de las escuelas.

Esto se convierte en un problema, pues si de verdad queremos un trabajo comprometido de maestros y directivos, que redunde en una mejora de la calidad educativa, las escuelas deben tener la posibilidad de gobernarse a sí mismas, especificando el sentido y los objetivos de la educación de acuerdo con su contexto y definir las cuestiones de tipo instrumental, esto es, estrategias pedagógicas, recursos didácticos, etc.

No se trata de aislarse o de hacer cada escuela lo que le venga en gana, sino de desarrollar sus potencialidades (entiéndase de sus actores) en forma articulada con otras instituciones, dentro de un sistema que se reinvente al mismo tiempo que las escuelas.

Ese es el reto del siglo XXI en materia educativa.


gabriel_castillodmz@hotmail.com

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