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Miércoles , 12.12.2018 / 06:30 Hoy

Paideia

Salvador Novo

Gabriel Castillo Domínguez

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El verdadero disfrute de la lectura literaria no siempre se logra en la escuela. 

Los maestros no necesariamente asumen la función de motivadores para desarrollar, en sus alumnos, el gusto por esa importante actividad formativa. Depende mucho de cómo la trabajen en el aula y, sobre todo, de la manera en que hagan “sentir” a los demás el entusiasmo, la pasión por leer, pues ello es fundamental y va más allá de la mera técnica de enseñanza. Ocurre una especie de contagio cuando los alumnos perciben esto en sus maestros. En mi caso no lo viví durante la educación primaria, ya que aprendí a leer bajo un esquema un tanto funcional que me llevó a utilizar la lectura como herramienta para seguir aprendiendo, lo cual no es malo, pero no alcancé a desarrollar el gusto por la literatura. Tampoco en la secundaria, ya que tuve una maestra de español que cumplió con su programa, nos hizo leer en clase textos poco motivantes con propósitos evaluativos, pero no puedo decir que nos llevara a interesarnos por la lectura fuera de la escuela. 

 
Lo anterior me llevó a asumir la condición de lector tardío. Hasta el segundo año de la carrera de profesor de primaria pude leer una obra literaria completa, sin que fuese por obligación ni para evaluarme y motivado por un maestro de técnica de la enseñanza que, además de prepararnos para realizar nuestras prácticas docentes, nos compartía su gusto por la literatura. Fue el libro Diálogos de Salvador Novo que me prestó el profesor y que considero el inicio de un ya largo camino de lector de lo que valoro como buena literatura. Con el paso de los años encuentro que Diálogos no es la gran obra, pero me acercó a un autor polémico en su tiempo, de indiscutible formación cultural, con marcada sensibilidad para la crítica, la sátira y la ironía, cuya escritura es, pese a lo que digan sus detractores, de incuestionable calidad y lucidez. 

Podemos estar o no de acuerdo con sus ideas y posiciones políticas o sociales, pero Novo fue un poeta y dramaturgo que hoy se sigue estudiando; hizo crónica de la ciudad de México y de algunos periodos presidenciales que nos aporta información de interés, así como ensayos sobre educación literaria que conviene rescatar. Es un autor que valoro porque contribuyó con sus textos a que lograra leer por placer y permitió acercarme a muchos otros escritores. Van estas líneas en recuerdo de Salvador Novo al cumplirse este 30 de julio 114 años de su natalicio. 



gabriel_castillodmz@hotmail.com

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