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Domingo , 27.05.2018 / 13:12 Hoy

Paideia

La escuela y lo útil.

Gabriel Castillo Domínguez

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Un viejo tema relacionado con las escuelas, es el tipo de formación que ofrecen, mismo que se vincula con la utilidad o inutilidad de los conocimientos y experiencias que se adquieren en esas instituciones, para aplicarse ya sea con un sentido pragmático o bien para lograr seres humanos más completos.

El tema de la utilidad fue abordado por el joven Nietzsche (citado en la Paideia anterior) en la primera de las conferencias reunidas en su obra Sobre el porvenir de las escuelas. El autor alemán cuestionó que el Estado buscara poner a su servicio la cultura y la educación, como instrumentos para el control de los individuos.

Al respecto alude a “la explotación casi sistemática de esos años por parte del Estado, que quiere formar lo antes posible a empleados útiles, y asegurarse de su docilidad incondicional, con exámenes sobremanera duros”.

Menciono esto que fue escrito en 1872, en virtud de la vigencia que mantiene ese planteamiento en este siglo XXI. Hoy se vive una tendencia a sobrevalorar los aprendizajes que “les sirvan” a los jóvenes, entendiendo que lo que “sirve” es aquello relacionado con el beneficio económico; y se considera “inútil” lo que no abona a tal propósito. ¿Para qué leer a Cervantes o a Sabines, escuchar a Bach o apreciar una bella pintura? ¿Para qué conocer nuestra historia, nuestra cultura, nuestro arte?

Un autor más cercano a nosotros, el argentino Guillermo Jaim, escribió un interesante libro (La tragedia educativa) en la transición al siglo XXI, en el cual sostiene que la sociedad actual tiende a convertir a la escuela en “un taller de entrenamiento de la fuerza laboral enseñando lo ‘útil’, a menudo para evitar que los jóvenes se formulen preguntas más profundas sobre la forma en que vivimos”.

¿Es este el papel que debe jugar la escuela? ¿Ayudar a la constitución de un país de técnicos, centrados en desarrollar la capacidad del cómo hacer algo en respuesta a las demandas del aparato productivo? Sin desdeñar la importancia de la técnica, recurro al señalamiento del académico francés Marc Fumaroli quien dice que el papel de la escuela debe ser “contribuir a crear conciencia lingüística, conciencia histórica y conciencia moral” y nos llama a tener el coraje de “depositar en la escuela el germen de una educación que se oriente en la dirección opuesta al utilitarismo dominante”.

Cultura científica y cultura humanística pueden y deben ir de la mano en las escuelas, para la formación de personas con un enfoque integral y para modificar la idea que se tiene de lo “útil” o lo “inútil” en materia de conocimientos y experiencias de aprendizaje.


gabriel_castillodmz@hotmail.com

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