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Martes , 17.07.2018 / 04:35 Hoy

Paideia

José Lezama y Proserpina

Gabriel Castillo Domínguez

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Abro un gozoso paréntesis en los temas educativos, para dedicar esta columna a uno de los autores que más me ha desafiado como lector, al que vuelvo de manera recurrente para encontrar nuevas enseñanzas derivadas de su escritura en cada acercamiento.

José Lezama Lima se volvió entrañable desde las primeras líneas que leí en su bello libro La expresión americana: “Sólo lo difícil es estimulante…”, motivado por la también seductora escritura de Juan García Ponce a partir de un texto sobre las “imágenes posibles” en Lezama Lima.

El próximo martes se cumplirán 40 años de que el poeta, cuentista, novelista y ensayista cubano se entregara en brazos de Proserpina.

Lezama murió un nueve de agosto de 1976 en el Hospital Calixto García de La Habana. Me parece importante recordarlo, puesto que también se conmemorarán este 2016 los 50 años de la primera edición de Paradiso, esa monumental novela que desafió a la crítica literaria y lo convirtió en un autor conocido en buena parte del mundo, gracias a selectos lectores como Julio Cortázar, Octavio Paz y Mario Vargas Llosa quienes contribuyeron a la divulgación de la compleja obra. José Lezama se mantiene vigente y en espera de nuevos lectores por el poder de su palabra y la fortaleza de su pensamiento, derivados de su asombrosa cultura y la solidez de su formación.

No es un autor de una sola lectura, es obligado releerlo con la certeza de que habrá valiosos hallazgos y porque hacerlo nos acerca a sus lecturas que fueron múltiples y variadas, de las cuales todavía tenemos mucho que aprender.El tiempo transcurrido desde su partida confirma lo que dije hace tiempo y hoy recupero: en Lezama Lima “existía cierta apropiación del sentido de la trascendencia”.

Había en él la convicción de que la muerte prolongaría y perpetuaría su vida, tal cual ha ocurrido con otros grandes escritores y artistas. La poesía fue para Lezama el instrumento para la trascendencia. Otorgó a lo poético un lugar de preferencia en el estudio de la cultura y estuvo siempre convencido del papel que los poetas y la poesía pueden jugar en la formación de la parte espiritual de los hombres.

De ahí la importancia de releer a Lezama en estos tiempos, con plena conciencia de que no es un autor de fácil lectura, pero entendiendo que precisamente la dificultad es un estímulo en la obra del escritor cubano.

Nos cuestiona, nos enfrenta a nuestros propios límites y provoca rupturas en nuestras costumbres lectoras. Por todo lo expresado considero que vale la pena, además como homenaje en los 40 años de su muerte, leer o releer sus obras.


gabriel_castillodmz@hotmail.com

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