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Paideia

Ingmar Bergman

Gabriel Castillo Domínguez

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En diversos momentos se presentan oportunidades para traer a la mente recuerdos de juventud. A veces se trata de andanzas relacionadas con el gusto por la música; otras de anécdotas de la vida de estudiante y algunas más vinculadas a la apreciación del buen cine. 


En este último asunto tuve la fortuna de contar con el apoyo de una persona que en los veranos de los años setenta, durante la estancia como estudiante en Ciudad de México, me sugería y acompañaba a ver películas de grandes directores y actores. 


También acudía regularmente a las Muestras Internacionales de Cine en el entonces famoso cine Roble en el Paseo de la Reforma. Años de aprendizaje en relación al llamado Séptimo Arte, en cuyo conocimiento nunca destaqué pero siempre me mantuve como gran aficionado. Disfruté películas de Federico Fellini; me desconcertaron algunas de Pier Paolo Passolini y movieron a reflexión otras de Luchino Visconti; tuve acercamientos al cine de Luis Buñuel, Woody Allen, Carlos Saura, Costa-Gavras, Martin Scorsese, Stanley Kubrick, Felipe Cazals, Arturo Ripstein, y muchos otros directores de diversos países incluido México que produjo cosas buenas en esa década.


Por aquellos tiempos acudí a ver una película que me impresionó de verdad: Gritos y susurros, del director sueco Ingmar Bergman. Una obra clásica que tiene como protagonistas a tres hermanas interpretadas por extraordinarias actrices. 


En ella el excepcional director pone de manifiesto por una parte la carga psicológica de su producción (nos lleva con maestría a asomarnos a la mente humana) y, por otra, el papel central que las mujeres ocupan en su filmografía y en su vida. A partir de esa película impactante traté de seguir a este artista nacido en Upsala, Suecia, en 1918, que este mes de julio cumpliría 100 años. 


No obstante que los tiempos de vértigo y frivolidad que se viven hacen poco propicio apreciar el tipo de cine que él creó, sugiero que como homenaje en el centenario de su natalicio rescatemos y veamos sus películas. En el blog de Bergman se recomiendan algunas de ellas: El séptimo sello, Fresas salvajes, El silencio, Los comulgantes, Persona, Sonata de Otoño, Secretos de un matrimonio y Fanny y Alexander. Están al alcance y estoy seguro que les habrán de gustar. Así como valoramos seguir leyendo a los clásicos de la literatura, hagamos lo propio para rescatar a los grandes cineastas que, como Bergman, han construido una historia y hecho invaluables aportes a ese arte. 



gabriel_castillodmz@hotmail.com

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