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Viernes , 25.05.2018 / 18:32 Hoy

Paideia

Felicidades a los maestros

Gabriel Castillo Domínguez

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En ciertas ocasiones surgen recuerdos de maestros que, en determinado momento de nuestro trayecto formativo, nos impartieron clases o nos ayudaron en el desarrollo emocional e intelectual, de tal forma y con tal intensidad que, a pesar del paso de los años, no los hemos olvidado. Tenemos presente su firmeza o su ternura, su personalidad, su forma de hablar y de conducirse frente a sus alumnos.

Algo tenían para compartir que quedó grabado en nuestra mente.

Es el caso de mi maestra Cuquita de primer año. Con inagotable paciencia logró que aprendiera “las primeras letras”, ayudando a moldearlas con plastilina y mil recursos más, usados de manera casi personalizada pese a ser un grupo numeroso de primer año. O el maestro Gumersindo, de quinto grado, que combinaba su seriedad y gesto adusto con una actitud amable que inspiraba confianza, aunque era exigente. Le agradezco el interés que puso en lo relativo al lenguaje, especialmente la ortografía, que nos hizo cuidar siempre con un método poco ortodoxo que sería largo explicar.

Ya como estudiante normalista, recuerdo con especial afecto a mi maestro Gerardo, de Técnica de la Enseñanza, que no se concretaba a prepararnos bien para salir a practicar en las escuelas, sino que nos motivaba para leer y nos prestaba libros. Al maestro Cirilo de Psicotécnica Pedagógica en tercer año, un verdadero ejemplo a seguir por su disciplina y responsabilidad en el trabajo. No recuerdo que haya faltado alguna vez y era impresionante el dominio que tenía de su materia, así como la manera de impartirla. Son éstos algunos casos de maestros que lograron ganarse el respeto y el cariño de los alumnos. Estoy seguro que había muchos más como ellos.

Pero también había el respeto de los padres y el reconocimiento de la sociedad. Hoy algo ha pasado al respecto. Sólo debo señalar que en todo tiempo han existido maestros comprometidos, responsables, preocupados por cumplir bien su función, y otros que definitivamente no están en esa lógica, que no valoran la trascendencia de su tarea. Se requiere, por parte de las autoridades, motivar, preparar, acompañar, orientar y escuchar a los maestros, así como exigir y sancionar cuando se requiera. Es necesario valorarlos y estimularlos todos los días, no una vez al año.

Hay que trabajar en ello. Por lo pronto, ¡Muchas felicidades a los maestros laguneros!


gabriel_castillodmz@hotmail.com

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