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Martes , 25.09.2018 / 15:01 Hoy

Paideia

Desigualdad, mujeres e infancia

Gabriel Castillo Domínguez

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El pasado 1 de noviembre tuvo lugar la Conferencia Regional sobre Desarrollo Social de América Latina y el Caribe, de la CEPAL, en Santo Domingo. El tema central fue la desigualdad social, asunto preocupante en nuestras sociedades. México estuvo presente y firmó, junto con otros países, compromisos para impulsar políticas orientadas a reducir los altos niveles de desigualdad que todavía persisten, que atentan contra el desarrollo, que impiden la erradicación de la pobreza y el ejercicio pleno de los derechos en cada una de las etapas de la vida. Pese a los compromisos internacionales firmados para reducir la desigualdad, las políticas públicas y las asignaciones presupuestarias no apuntan en ese sentido. Hoy por hoy se favorece un modelo concentrador de la riqueza.


Es sabido que la desigualdad obstaculiza la movilidad social e impide que se alcancen mayores niveles de bienestar en las familias. De qué sirve que la igualdad sea considerada, en documentos nacionales e internacionales, como “un principio normativo y horizonte estratégico del desarrollo”, si no existe un goce efectivo de los derechos económicos, sociales y culturales en amplias franjas de la población. Es letra muerta aquella que señala que la titularidad plena de esos derechos es para todas las personas, sin distinción de sexo, raza, etnia, edad, religión, situación socioeconómica u otra condición. En nuestro país se ha violado el principio de universalidad, pues no es cierto que todos los mexicanos puedan ejercer esos derechos.


Dos sectores que pueden servir de muestra para lo que se señala son las mujeres y la infancia. Algunos datos: en este país tenemos 13.6 veces más desigualdad en el desarrollo humano entre mujeres y hombres que los 10 países con mayor desarrollo del mundo; es menor el porcentaje de mujeres con empleos bien remunerados; la tasa de jubilación es de alrededor de 9% para mujeres y 25% para los hombres. En cuanto a la infancia, en particular la primera, es una etapa de gran relevancia que no se atiende adecuadamente. Según datos de UNICEF y CONEVAL, México invierte en la niñez de 0 a 5 años el 0.8% del PIB, cantidad inferior a la que invierten Costa Rica, Guatemala y Honduras, lo cual es muy grave pues no se atienden la nutrición, salud, estimulación temprana y educación, afectando con ello las posibilidades de un buen desarrollo. Urge reducir las desigualdades.


gabriel_castillodmz@hotmail.com

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