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Domingo , 21.10.2018 / 10:09 Hoy

Vivir el día

Semana non santa

Froylán M. López Narváez

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Prosigue sin solución de continuidad previsible la mortandad en México. No se diga en otras regiones del mundo. Pero, en el caso mexicano, la combinación de agresividad sádica e impunidades acarrea la consideración de que este país la violencia civil no tiene para cuando, como se dice aquí.

Y una y otras veces se registra lo que no tiene remedio por la recurrencia de áreas donde la victimación es acontecimiento cotidiano, como lo es: no hay freno previsible a esta atrocidad que ya influye, también con persistencia, el sadismo. Por supuesto no hay valores trascendentales que puedan ser considerados, no solamente por los matones, sino por los represores.

Como en otras partes del mundo, se practican religiones, pero no se asume la fe que impide el daño a los demás, hasta la muerte misma. Se alude a principios de entraña o antecedentes religiosos y civiles, pero que no tienen secuencia en la vida cotidiana.

En México se cree y afirma que las creencias católicas campean y que son valores generales atendibles. Pero el homicidio, y ahora el ejercicio de feminicidios, destaca que el valor supremo a la vida ajena y a la propia no es asumido en realidad.

Así en esta mal llamada Semana Santa de 2016, el desprecio por los otros humanos impone la certidumbre de que, en el mundo, las creencias católicas son asunto que no guía la conducta de miles de ciudadanos mexicanos, o de muchachos que mucho menos respetan a sus semejantes y a mayores.

En Acapulco, tierra de horrores, de carteles y de pandillas abundantes, hasta el día de ayer sábado se habían cometido 21 asesinatos. La represión policiaca y militar no ha podido, ni puede imponer vigilancias y defensas para que no ocurra lo que acontece mucho en Guerrero, Morelos y Tamaulipas.

Pero también la frontera norte es territorio donde matanzas, secuestros, pago de piso y otros delitos no paran. Y así, se acometen operativos constantemente, más para reprimir o contener a la muchachada, que han encontrado, o creen, en las conductas antisociales manera de ser, acreditación perversa, habida cuenta de que lo vigente es el empleo mal pagado, de haberlo, y las alegrías o consuelos que les ofrecen los deportes profesionales.

Y ahora ha de agregarse una maldad de importación: el robo de identidad, que, según Mario di Costanzo, cuenta con el activismo de centroamericanos, europeos y la misma mafia rusa.

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