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Vivir el día

Peñascazo

Froylán M. López Narváez

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Si sus declaraciones derivan de una frustración por asuntos de política interna, de sus leyes o de su Congreso, diríjase a ellos, no a los mexicanos”, así contestó el presidente Enrique Peña Nieto a los ataques del pato Donald Trump.

El cretino presidente de EU se ha acogido a los asuntos migratorios y a su delirio por un muro en el sur de su país. Es un recurso ante su tambaleante y confusa administración.

“No vamos a permitir que la retórica negativa defina nuestras acciones”, dijo el presidente mexicano.

Trump ha seguido usando sus mensajes en Twitter y se ha considerado que quiere aprovechar este gravoso asunto para la consecución de su reelección en las elecciones legislativas de noviembre.

El envío de entre 2 mil y 4 mil soldados de la Guardia Nacional es, según él, para proteger la frontera con México.

Barack Obama recurrió en el año 2010 a la Guardia Nacional, una fuerza reservista que suele dedicarse a la seguridad fronteriza estadunidense, aunque en aquellos tiempos envió solo a mil 200 efectivos. Antes, G. W. Bush lanzó a 6 mil efectivos para complementar la función de las patrullas fronterizas en el año 2006.

El republicano insiste en que el gobierno mexicano es pasivo ante la llegada de irregulares a su territorio. Pese a datos en contrario, sin evidencias, insiste en que hay caravanas de inmigrantes centroamericanos intentando ingresar ilegalmente a su país.

La necedad trumpeana le llevó a afirmar que desde aquí se enviaban drogas a territorio yanqui.

Peña Nieto, que ha logrado por vez primera un consenso nacional, no ha cedido un ápice. “Estamos listos para negociar, sí, pero siempre partiendo de la base de respeto mutuo. Estamos convencidos de que poniéndonos de acuerdo, como amigos, socios y buenos vecinos, a ambos países nos va a ir mucho mejor que confrontándonos”.

El despliegue militar y la obsesión del muro han llegado a un extremo en el que México no habrá de ceder.

Ahora está en revisión y negociaciones el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, pero estas confrontaciones rudas por parte del republicano lo harán, lo han hecho, más difícil. Canadá y México se han unido para destrabar el TLCAN, pero no se ve que un mejor destino sea pronto y del todo posible.

El pleito por el pago del muro y la irrupción de fuerzas en la frontera es el conflicto inmediato, ante el cual el gobierno mexicano ha recabado consenso inusitado.

En buena hora que Peña Nieto aborde o confronte el muy enojoso asunto sin evasiones y aún con denuncias, de las perversiones del gobierno gringo.

El recurso intervencionista del pato Donald Trump para encarar sus propios fracasos y broncas internas no habrá de mantenerse mucho rato. Pero la solidaridad nacional mexicana es un hecho tan insólito como necesario y que habrá de sostenerse con el cambio de la Presidencia de la República.

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