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Domingo , 17.06.2018 / 18:03 Hoy

Vivir el día

¡Línchenlos!

Froylán M. López Narváez

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Lamentablemente, los linchamientos no son inusuales, tienen recurrencia frecuente en el mundo todo. El linchamiento presupone un sentimiento de justicia o de defensa social de las costumbres contra quien las ha transgredido. En los días recientes, la impunidad, la pasividad gubernamental y procedimientos ministeriales ilegales, que concluyen con la liberación de delincuentes, fomentaron la infamia.

Ahora mismo, pobladores de Chenalhó, Chiapas, detuvieron a dos legisladores y obligaron a su Congreso a nombrar un nuevo alcalde. En San Matías Tlalancaleca, Puebla, hubo destrucción de 20 camionetas de saqueadores de ductos.

Lo más grave fue el linchamiento en Teotihuacán de tres probables secuestradores, asociados a una banda regional. El sociólogo René Jiménez Ornelas, de la UNAM, precisa la causalidad de la comisión de estas brutalidades: “Las personas dejan de confiar en las autoridades, están hartas de la corrupción. Para ellas es más fácil tomar la justicia en sus manos que entregar al delincuente”.

Mario Arroyo, maestro en sociología criminalística: “Tenemos una policía reactiva, agentes que están buscando delincuentes, que persiguen hechos consumados”. Un dato apesadumbrador es que falla la contención de los homicidios, no se diga de los feminicidios.

La magnitud de la criminalidad en el país, a poco más de la mitad del sexenio, registra casi la misma cantidad de homicidios dolosos que cuando se inició el periodo de Enrique Peña Nieto, según datos oficiales.

En los primeros cuatro meses de 2013 se abrieron 6 mil 258 averiguaciones previas por homicidios dolosos, y en el primer cuatrimestre de 2016 se iniciaron 5 mil 989 investigaciones en procuradurías o fiscalías estatales. Se imputa la falla a la ausencia de una Policía de Proximidad, aquella que se anticipa, la que va buscando la cohesión social.

Estos amargos acontecimientos son ya marca nacional. Se han expresado reconvenciones de la misma Naciones Unidas y de otras organizaciones que se espantan por esta violencia atroz.

El carácter tumultuario lo asimila la creencia de justicia popular, que reemplaza a la actuación del aparato jurídico, pues lo estima inoperante o demasiado moderado. Se afirma históricamente que esto se inició en Irlanda, Inglaterra y los estados sureños estadunidenses, y se recuerda que este nombre viene de un magistrado del siglo XVIII, llamado Lynch. También se cree que tuvo eminencia por la represión de blancos contra negros en EU y es típico de estados reaccionarios.

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