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Martes , 19.06.2018 / 08:25 Hoy

Vivir el día

2017-09-10

Froylán M. López Narváez

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La magnitud y el desastre que tuvo como epicentro el suroeste de Tonalá, Chiapas, ha sido identificado como el más grave que ha ocurrido en un siglo. Los daños y las preocupaciones atosigan, sobre todo porque ha continuado el movimiento sísmico.

Ciudad de México también sintió con mucha intensidad el movimiento telúrico. Pero aquí no hubo ninguna repercusión mortal, aunque sí se han identificado edificios y zonas con fuertes daños. Prudente y acertadamente se suspendieron las labores escolares y algunas otras que podrían propiciar daños. Como han seguido los temblores, se está y se debe estar en alerta.

Los cambios climáticos (que el idiota del pato Donald Trump había negado con sus habituales ignorancias y estupideces) advierten tragedias que se esperaban como muy nocivas en Estados Unidos y se habla de la amenaza de Katia, que ha llevado a que Veracruz establezca más de mil refugios.

Bien que se ha advertido que el estado de emergencia siga vigente y que hay que prevenir cuidados y defensas en Veracruz. Ha habido una demanda muy requerida para que haya solidaridad material con los centenares de dañados.

La destrucción de bienes habitacionales y culturales es un daño que en más de un caso no tiene reparación, como ha ocurrido sobre todo en el Istmo de Tehuantepec.

La demanda y premura de todo tipo de bienes, particularmente alimentos enlatados y muebles, y de tareas de reparación, justifican la lamentable certidumbre de que este es el drama más grave desde hace un silgo. Sí ha habido atención inmediata de los gobiernos federal, estatal y municipales, pero lo claro es que la restauración de esas tierras y personas va para muy largo plazo.

El establecimiento de refugios, lo mismo en Oaxaca que en Chiapas y Veracruz, ya es labor primordial. Es urgente y muy necesario que se dispongan muchos a socorrer a quienes han sufrido lo que nunca.

Internacionalmente ha habido prontas expresiones de lamentos y de solidaridad. No alcanzarán los recursos nacionales poseídos para evitar los agravios que la madrastra naturaleza ha impuesto en áreas muy amplias.

La tragedia reclama que en las vías de hecho sobrevengan socorros que debieran ser muy abundantes: los daños personales, institucionales y la opinión de que más vale huir de esas regiones.

Hay decenas de lugares adonde se puede ocurrir y llevar los bienes tan necesarios y urgidos en la capital de la República y en otras se ha visto la llegada de mexicanos con solidaridad eficaz y pronta. El acontecimiento es sumamente grave y lamentablemente repetible como ocurrió ya en una región muy vasta. Ayuda.

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