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Jueves , 18.10.2018 / 06:57 Hoy

Columna de Frank Lozano

Iguales en la ley y en el amor

Frank Lozano

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La Suprema Corte de Justicia de la Nación avaló el matrimonio entre personas del mismo sexo. Con ello, hizo visibles ante la ley, a quienes estaban en la sombra. Algunos ven en ello un atentado contra su visión y valores. Otros vemos un acto de justicia e igualdad.

El matrimonio entre personas del mismo sexo, llegó para quedarse. Como muchas instituciones, entre ellas la Iglesia Católica, el matrimonio se ha adaptado a los nuevos tiempos.

La conquista de este derecho, no es, como piensan algunos, un episodio conspiratorio en el que un grupo de seres abominables buscan aniquilar los valores de la civilización. Todo lo contrario, se trató de una demanda expuesta ante los ojos de todos. Se trató de una lucha abierta y de un debate que evolucionó con el tiempo hasta derivar en un derecho positivo.

Hoy hay quienes intentarán hacer un frente para echar para abajo este logro. Dicho sea de paso, el matrimonio entre personas del mismo sexo, es un triunfo social, no le pertenece a una comunidad específica.

La Suprema Corte, no solo avaló un derecho, avaló una visión social y cultural cuyo eje, en el más amplio de los sentidos, es la aceptación del otro en su diferencia. Avaló una visión que pondera la igualdad, la inclusión, las libertades, el respeto y el reconocimiento de la diversidad. Una visión donde la diferencia y la pluralidad son valores sociales elevados.

Por otra parte, no hay perdedores. El matrimonio y la familia no son patentes de ningún grupo. Son realidades vivas. Pertenecen única y exclusivamente a su momento histórico. No representan superioridad moral alguna, simplemente reflejan un fenómeno social en una determinada coyuntura histórica.

Nadie debe verse ni sentirse amenazado por la felicidad del otro, ni mucho menos por lo que el otro decida hacer con su vida y con su cuerpo. Mucho menos quienes durante siglos se arrojaron el derecho unilateral de decidir cómo se debía vivir. Quienes durante siglos impusieron su modo único de ver las cosas. Quienes durante siglos han juzgado sin piedad a los que son distintos y que por otra parte, protegen pederastas, abusan de niños, disuelven familias y cuyo dogma favorito es el miedo.

Lo que sigue está en manos de la sociedad. Depende única y exclusivamente de la sociedad cuidar los derechos. Depende de la sociedad traducir el derecho en un cambio cultural que implique normalizar el respeto al otro. Hoy ante la ley y el amor, bendito sea Dios, todos somos iguales.

franklozanodelreal@gmail.com

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