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Columna de Francisco Valdés Perezgasga

La necesidad de lo feral

Francisco Valdés Perezgasga

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Quizá usted nunca haya oído hablar de Wallace Stegner. Fue un historiador y escritor usamericano, nacido en 1909 y muerto en 1993. Fue maestro de Sandra Day O’Connor, la primera jueza de la Suprema Corte de los Estados Unidos y de mis admirados Edward Abbey y Wendell Berry.

También fue su alumno Larry McMurtry, escritor de grandes novelas del oeste, ganador del Pulitzer y escritor y guionista de películas y miniseries de televisión de gran éxito de crítica y audiencia.

Si usted vio “Hud” con Paul Newman (1963), o “La última película” (1966) o “Secreto en la Montaña” (2005), usted ha experimentado el genio de McMurtry como novelista y guionista.

Pero desvarío. Wallace Stegner, ante la inminente construcción de una presa que sepultaría unos cañones bellísimos, prolíficos en vestigios paleontológicos, escribió en 1955: “Éste es un mundo mejor si aún hay unos pocos bisontes, un mundo más rico si aún hay bellísimos cañones sin feas marcas de letreros, de negocios de hotdogs, de supercarreteras o de líneas de alta tensión, (cañones) libres de presas de generación eléctrica o de irrigación.

Si conserváramos como parques tan sólo esos lugares que no tienen ninguna posibilidad económica, no tendríamos parques.

Y así, en las próximas décadas, ya no sólo el bisonte o el cisne estarían urgidos de santuarios, sino que serían necesarios para nuestra propia especie, que ya los necesita hoy”.

Nuestra especie requiere de espacios naturales, donde los procesos ecológicos que los han forjado sigan actuando. Sitios sin fragmentar. Sitios ferales, salvajes, con los que podamos convivir.

La biodiversidad no es un adorno es una parte central, indispensable para nuestro bienestar. Atentar contra ella es atentar contra nosotros mismos. Nuestras áreas naturales son, como los llama Terry Tempest Williams, umbrales de la maravilla.

Una puerta abierta que pivotea entre el pasado y el futuro. Ni México, ni Durango, ni Coahuila, ni La Laguna existen en los partidos, en los políticos o en las instituciones. Son conceptos que viven por su gente y por sus piedras y por sus cielos y por sus ríos y por sus árboles.

La naturaleza es el sustrato de todo lo que somos y de absolutamente todo lo que tenemos. Por ello es nuestra obligación cuidarla y, donde haga falta, rescatarla de los pillos que pretenden apropiársela para ahogarla y arrasarla.


Twitter/fvaldesp

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