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Miércoles , 17.10.2018 / 17:58 Hoy

Columna de Francisco Valdés Perezgasga

La foto

Francisco Valdés Perezgasga

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Esta semana hubo una foto que estremeció a quienes la vimos. Un pequeño de tres años recostado, inerte, en la arena de una playa turca. Una imagen que provoca un malestar físico, como un golpe terrible en el estómago. Imágenes pueden tener el efecto de despertar la conciencia colectiva y generar la solidaridad que mengüe el dolor sin orilla de los refugiados.

Pero ojo, estas imágenes pueden tener un efecto que llamaría de pornografía moral. Una justificación para agradecer cobardemente que no es uno quien está en ese trance.El niño de la foto murió junto a su hermanito y su madre.

Ahogados en el Egeo, buscaban escapar de la pesadilla interminable que es la guerra civil en Siria. Una guerra que a la mayoría de los que hoy nos consternamos por la foto no nos importa ni nos ha importado.El año pasado pude ver un capítulo de una serie usamericana llamada “Los años viviendo en peligro” en el que la guerra en Siria era explicada por Thomas Friedman, el premiado escritor, como una guerra del cambio climático.

La conexión entre la tragedia siria y el calentamiento global fue documentado también por Collin Kelley y sus colaboradores, del Imperial College, en un artículo publicado en la prestigiosa revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences también en 2014.

El clima, loco como está de un tiempo acá, trajo a Siria una prolongada sequía de 2007 a 2010 que hizo que se perdieran cosechas y que el hambre se propagara. Los campesinos migraron en masa a ciudades que estaban ya en una situación límite. El descontento contra el régimen de al-Assad prendió una guerra civil.

La sangrienta respuesta del dictador alimentó una espiral de violencia que ha degenerado en crímenes de una crueldad inaudita que ha impulsado a miles a buscar otro sitio donde vivir.No hay otra reacción que el horror ante la foto del pequeño cuerpo de tres años de Aulan recostado, muerto, en una playa de Turquía.

Pero creo que en nombre de ese horror deberíamos mostrar solidaridad con otras personas, más cercanas, que reclaman nuestra atención.

Y en nombre de ese horror debemos de tomar ya medidas -personales y colectivas- para combatir el cambio climático, fuente de tantos horrores presentes y de horrores que aún estamos por ver.


twitter.com/fvaldesp

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